Si tu dicha callaras, tu vecino no te envidiara.
Como el apóstol 13, come y desaparece.
Quién quiere, podrá otro día si hoy no puede.
El vergonzoso se muere de hambre entre dos panes.
Burgáles, mala res.
A la cena y a la cama, solo una vez se llama.
El bebedor fino, a sorbitos bebe el vino.
Miércoles de ceniza, que triste vienes, con 46 días que traes de viernes.
Le da siempre algún recelo, al calvo que pierde un pelo.
Tiempo pasado, con pena recordado.
No pica la abeja a quien en paz la deja.
A tuerto o a derecho, nuestra casa hasta el techo.
Hombre cornudo, más vale de ciento que de uno.
A espaldas vueltas, memorias muertas.
Amistad quebrada, siempre mal lanada.
Lo poco, nunca dio mucho.
A buen santo te encomiendas.
Los falsos amigos y las deudas, siempre llegan sonriendo.
Locura es dar consejos a un enemigo; pero más locura todavía es tomarlos de él.
A can que lame ceniza, no fiarle harina.
Alábate, Pedro; alábate, Juan; que si no la haces tú, nadie lo hará.
Más vale ser un rico labrador que un marqués pobretón.
Chiquita, pero matona.
El hoy aquí está; el mañana, ¿quién lo verá?.
Tal hay que se quiebra los dos ojos porque su enemigo se quiebre uno.
Quien dijo miedo, detrás de un palo.
Ave que vuela, a la cazuela.
El amigo verdadero ni contra tu honra ni contra tu dinero.
Al medico, al confesor y al letrado, hablarle claro.
Quien compra al amigo o al pariente, compra caro y queda doliente.
El que juega con el tabernero o está loco o le sobra el dinero.
Quien solo vive, solo muere.
Bebo lo tinto y meo lo claro.
Reniego del amigo, que se come solo lo suyo y lo mío conmigo.
Vida del campo, o para tonto, o para Santo.
Ausente, apenas viviente.
A toda ley, boñiga de buey; y si es flaca, boñiga de vaca.
Pesar compartido, pronto es ido.
Para cajón de muerto, cualquier palo es bueno.
Lo que me debe Juan no me lo puede pagar; pero si se muriera, menos pudiera.
Ocioso y lagarto, no mueren de infarto.
Tal padre, tal hijo.
Lengua del mal amigo más corta que cuchillo.
Ni de saúco buen vencejo, ni de cuñado buen consejo.
El gañán y el gallo, de un año.
De pronto, nadie es tonto; después quizá lo es.
Maldita seas, ave; la pluma, más no la carne.
El que de Santo resbala hasta demonio no para.
Hacer de un camino, dos mandados.
Quien hace, aplace.