Fumador empedernido, hombre carcomido.
Lo cortes, no quita lo valiente.
Golpe de cobre nunca mato a hombre.
Creerse el papá de los helados.
Buscarle la quinta pata al gato.
Rubio bermejo, mal pelo y peor pellejo.
Quien fuerza ventura, pierde rencura.
El cobarde es león en su casa y liebre en la plaza.
Difunto que hace tanto bien, requiestcant in pace, amén.
El brazo a trabajar, la cabeza a gobernar.
Boca de verdades, cien enemistades.
Juan Palomo: yo me lo guiso, yo me lo como.
A buen entendedor, pocas palabras bastan.
Alegrías secretas, candela muerta.
Muero el Rey y el Papa y el que no tiene capa.
Amigo lejos, amigo muerto.
Al amigo falso, tómelo el cadalso.
A tal señor, tal honor.
Te conozco, pajarito.
Amigo y de fiel empeño; es el perro con su dueño.
Zamarra y chaquetón, iguales son.
A ojo de buen cubero.
Amigo reconciliado, enemigo doblado.
Fiar es de hombre bobo, pues es pagar lo que come otro.
Boca de fraile, solo al pedir la abre.
A barba muerta, poca vergüenza.
Donde muchos mandan y ninguno obedece, todo fenece.
Quien se va lejos, vivo está y le tienen por muerto.
El consejo del viejo frailuco, hay que ser cuco.
Viva cada cual como quisiere y yo como pudiere.
A un traidor, dos alevosos.
Zapatero solíades ser; volveos a vuestro menester.
Nadie cava con tesón sino el dueño del hurón.
Para amigos, todos; para enemigos, uno solo.
Quien se va, vivo y muerto está.
De quien habla a tiento, disparates sin cuento.
Buena fama merece quien por su patria muere.
El buen nabo, por Santiago tiene cabo.
Estar como cucaracha en baile de gallinas.
Amigo que no da pan y cuchillo que no corta, aunque se pierda no importa.
Me gustaría hacer todo lo que hizo el muerto, menos morirme.
Fiado se murió, mala paga lo mató.
Hinca el pico, igual el feo que el guapo, y el pobre que el rico.
Date a placer, Miguelejo; morirás de viejo.
No contrates de barbero, a quien fue tu prisionero.
Muerte deseada, vida prolongada.
No des a guardar el fiambre, a quien vive muerto de hambre.
Amistad de hombres leales, solo perdura entre iguales.
Ni fíes de hombre cejunto, ni tengas miedo a un difunto.
En la casa donde no hay gobierno, a pellizcos se va un pan tierno.