El futuro pertenece a los que se preparan para él.
Ni uno de cada ciento, de su suerte está contento.
Poderoso caballero es don dinero.
Estas matando el tiempo, no sabes que el tiempo es quien te esta matando a ti.
Hasta la gracia de Dios hace daño.
Le dijo la rana al pez: "no me pillarás otra vez".
Escribir es un placer secreto y pecaminoso
Cucas y vino, higos sin tinto, y luego vino para el camino.
Entre mamar y mamar dos horas han de pasar.
El que compra y miente, en su bolsa lo siente.
Quien miente, pronto se arrepiente.
Los besos de las mujeres son como las cuentas de un rosario, en saliendo la primera salen todas las demás.
Cosa fea, ni se haga ni se aprenda.
Y reza mucho en la novena, pero no es buena.
Casa sin gobierno, semejanza del infierno.
A vino de mal parecer, cerrar los ojos al beber.
La buena ropa abre todas las puertas.
Pan, vino y ajo crudo, y verás quien es cada uno.
Las palabras amables no rompen huesos, pero las palabras perversas rompen muchos.
Si quieres saber de verdad qué piensa de ti tu vecino, riñe con él.
Ni hables como doliente, ni vivas entre vil gente.
Ladrón de casa, todo lo arrasa.
Antes me muero que prestar dinero.
Más quiero asno que me lleve que caballo que me tire.
Al pan pan y al vino vino, y el gazpacho con pepino.
Palabras de cortesía suenan bien y no obligan.
Como canta el abad, así responde el sacristán.
El día que amasó, mal día pasó; pero peor es no tener qué amasar ni qué cerner.
El envidioso es de tal ser, que no se le indigesta lo que come sino lo que ve comer.
Amor y dinero nunca fueros compañeros.
Azote y mordedura, mientras duele dura.
Septiembre muy mojado, mucho mosto pero aguado.
Perdona una vez; pero nunca tres.
La belleza más divina, también defeca y orina.
Nunca dejes la certidumbre por la esperanza.
A tambor mayor, diana no.
Dios repudia al que falsea las palabras; su gran abominación es el pendenciero de vientre.
No te alabes antes de que acabes.
Bien me quieres, bien te quiero; no me toques el dinero.
En la huerta que hay mozo, está en la acequia o en el pozo.
Quien va a Castilla y deja Aragón, trae dolor de corazón.
La vida es un gorro; unos se lo ponen, otros se lo quitan.
El rosario en el cuello, y el diablo en el cuerpo.
El dinero no compra la felicidad.
Más sabe el loco en su casa que el cuerdo en la ajena.
Es mejor precaver que tener que remediar.
El pobre de su pobreza no sale.
Al haragán y al pobre, todo le cuesta el doble.
Errando errando, se va acercando.
Hombre ocioso, hombre peligroso.