Bebo poco y quiérolo bueno; una azumbre me dura un día entero.
A Dios y a su altar, lo mejor has de dar.
Mejor ir tarde al destino, que rodarse en el camino.
El arenque cuelga de sus propias agallas
Entre hermanos que nadie meta la mano.
De donde viene la descomunión, allí viene la absolución.
Más vale algo que nada.
El que pestañea pierde.
A ropa de terciopelo, dos dueñas y su escudero.
Si prometes y no das, mal vas.
Cuando hay sospechas, haya cautela.
Corazón que no tiene placer, cagaos en él.
El tonto ni de Dios goza.
El ignorante y el ciego caminan a tiento.
Un clave pequeño abre grandes puertas.
El llanto alivia el quebranto.
Estáse la vieja muriendo y está aprendiendo.
Dar la última mano.
Cuenta el milagro, pero no digas el santo.
Mal ajeno es ruin consuelo.
Honor a quien honor merece.
La memoria de los justos es una bendición, pero la fama de los malvados será pasto de los gusanos.
Palabra dicha, no tiene vuelta.
Si mi abuela no se hubiera muerto, viva estaría.
Sabe agradecer la honra a quien te la hace y dona.
Ganar, poco vale sin guardar.
Breve habla el que es prudente.
A lo que no puedas, no te atrevas.
Los que temen una caída están medio vencidos.
Todo tiene fin, hasta los higos del confín.
Perdona al ofensor y saldrás vencedor.
Mudarse por mejorarse.
La Cruz, la viña reluz.
La cortesía es la compañera inseparable de la virtud.
Sal derramada, quimera armada.
Nobleza, obliga; y agradecimiento liga.
No quieras nunca buenos comienzos.
Tener dolor de muelas detrás de la oreja
Reunión de zorras, perdición de gallinas.
Tu hablar te hace presente.
Acaso nuevo, consejero nuevo.
Enero caliente, el diablo trae en el vientre.
A palabra necias, oídos sordos.
La mejor forma de salvar la vida es corriendo.
A confesión de castañeta, absolución de zapateta.
Si vives en mi corazón, viviras gratis.
De riqueza y santidad, la mitad de la mitad.
Ahora que tengo potro, pongo la vista en otro.
Una escoba ataviada, por dama hermosa pasa.
Échate a enfermar y verás quién te quiere bien o quién te quiere mal.