Mas pronto cae un hablador, que un cojo.
Vive cantando, muere llorando.
Malo es esperar bien de muerte ajena.
El que quiera saber, que vaya a Salamanca.
Quien bien quiere, tarde olvida.
El alma cruelmente herida, perdona pero no olvida.
Comer a dos carrillos, como monja boba.
No confundas, jinete, el galopar del caballo con los latidos de tu propio corazón.
Quien ama, teme.
Coser y hacer albardas, todo es dar puntadas.
Lo que no puede curarse hay que aguantarlo.
El que miente, si no lo pillan, no se arrepiente.
Me enseña a ser bueno el que me hace un bien.
Échate a enfermar y verás quién te quiere bien o quién te quiere mal.
El que no puede tañer arpa, tañe flauta.
El que quiere a la col, quiere las hojas de alrededor.
Del que yo me fío me guarde Dios, que de los que no me fío, me cuido yo.
Mejor cazar los deudores, que huir de los acreedores.
El que calla, otorga o no tiene una perra gorda.
Dale que le das; que importunando mucho, algo sacarás.
Secreto dicho a mujer muy pronto se ha de saber.
No quiere música Roque, ni hay tampoco quien la toque.
Ser un mordedor de pilares
No digas de este agua no beberé ni este cura no es mi padre.
La falta del amigo hase de conocer, no aborrecer.
Deja la contienda, y no te quebrarán la cabeza.
Hablando mal y pronto.
Si te molesta que te mientan, no preguntes.
Los errores del que cura, con la tierra han cobertura.
Habilidad de las mujeres, mear y llorar cuando quieren.
Jugar limpio, bueno para la conciencia y malo para el bolsillo.
El que espera desespera.
No comas todo lo que puedes, no gastes todo lo que tienes, no creas todo lo que oigas, no digas todo lo que sabes.
La mierda cuando la puyan hiede.
Quien tiene pies, de cuando en cuando da traspies.
El labrador antes sin orejas que sin ovejas.
Lo que se ve, se aprende.
Si ves las estrellas brillar, sal marinero a la mar.
Da limosna, oye misa, y lo demás te lo tomas a risa.
Hábito malo, tarde es dejarlo.
Siempre que ha de hablar un lisiado, en la puerta un jorobado.
Lo que con el ojo veo, con el dedo señalo.
Cultiva centeno, mientras brilla el sol.
El gallo que ya no canta, está mal de la garganta.
Madre acuciosa, hija vagarosa.
Las manos en la rueca, y los ojos en la puerta.
Dar es corazón, pedir es dolor
El que pasa por romero y no lo coge, si le viene algún mal que no se enoje.
Más vale oler a asno que a muerto.
Febrerillo, mes loquillo.