No busques la verdad, solo deja que te abriguen las opiniones.
Saca lo tuyo al mercado: uno dirá bueno y otro dirá malo.
El que no sabe, es como el que no ve.
Mas bonita es la belleza, con algo entre la cabeza.
Bestia sin cebada, nunca buena cabalgada.
La abeja, unas flores escoge y otras deja.
El melón y la mujer, malos son de conocer.
Aquí paz y en el cielo gloria.
En esta vida no hay dicha cumplida.
Ni vive, ni deja vivir.
En este mundo redondo quien mal anda mal acaba.
Para cura de mis males, me vinieron más pesares.
Donde hay dolencia, haya paciencia.
El que da lo que tiene a pedir se atiene.
Hacer de una pulga un elefante.
El sol sale para justos y pecadores.
El ser humano es bueno cuando hace mejores a los otros.
Como me crecieron los favores, me crecieron los dolores.
Las manos en la rueca, y los ojos en la puerta.
Quien nada hace, nada teme.
Mal su bolsa defiende quien al fiado vende.
Tu principal heredero, tú mismo debes serlo.
Si Dios no te ha dado gloria, confórmate con la fama.
Rostro de horno, piernas de río y tetas de frío.
El que ha tenido un mujer, merece una corona de paciencia; el que ha tenido dos, la merece de simpleza.
Te conozco, pajarito.
Quien de mucho mal es ducho, poco bien le basta.
La mujer hacendosa es la más hermosa.
El que parte y comparte, se queda con la mejor parte.
En la casa del cura siempre hay hartura.
El que canea, no calvea.
Manda y descuida; no se hará cosa ninguna.
El clérigo y el fraile al que han de menester, llamadlo compadre.
En abril, va la vieja a veril.
La manera de ver la luz divina es apagar tu propia vela.
El silencio es más disiente, que la palabra imprudente.
Esto huele a cuerno quemado.
El que a orilla del río mora, mucho bebe y mucho llora.
Palabras de santo, uñas de gato.
De sol de tarde, Dios te guarde.
El que al sentarse dice "¡ay!" y al levantarse dice "¡upa!", no es ese el yerno que mi madre busca.
Berzas en enero, saben como carnero.
Si tienes un amigo, visítalo con frecuencia pues las malas hierbas y las espinas invaden el camino por donde nadie pasa.
El corazón no sabe mentir
Moza dominguera no quiere lunes.
La caridad bien entendida empieza por uno mismo.
Está más "pegado", que mosca en melado.
Un libro abierto es un cerebro que habla; cerrado un amigo que espera; olvidado, un alma que perdona; destruido, un corazón que llora.
Cada uno con su humo.
A liebre ida, palos al cubil.