Ni tras pared ni tras seto digas tu secreto.
Para los muertos y los ausentes no hay amigos
Por falta de un amén, que no se pierda un alma.
De lo que veas cree muy poco, de lo que te cuenten nada.
Si no gozo de mi dinero, ¿para qué lo quiero?
Peor que chile y agua lejos.
A ruin, ruin y medio.
Fraile convidado echa el paso largo.
Una persona que se cambia de ropa siempre se oculta mientras se está cambiando.
Cuando Dios cierra una puerta, abre una ventana.
Chica es la abeja, y nos regala la miel y la cera.
Tu quieres que el león me coma.
Todo lo que no se da, se pierde.
De padres gatos, hijos michinos.
La liebre es de quien la levanta, el conejo de quien lo mata.
Mujer que al andar culea, bien se yo lo que desexa.
La experiencia es a veces dolencia.
Las lentejas y la carne de oveja, el que quiere las toma y el que no la deja.
Esto es pan para tu matate.
Hombre de dos caras, arredro vaya.
La fe infundada en la autoridad no es fe
No te asombres por poca cosa.
Cuanto uno es más honrado, tanto es mayor su pecado.
Lo que no veo no existe, lo que no sé no es cierto.
Madre muerta, casa deshecha.
Las grandes penas no se quejan.
Aviniente y crudo, que así lo quiere el cornudo.
Rubio bermejo, mal pelo y peor pellejo.
El mejor guardián del rey es el amor de sus súbditos.
Cabeza grande, talento chico.
De pastores, pastoradas y si te embobas alguna pedrada.
Abeja muerta, ni miel, ni cera.
Buena es la pelea ganada, pero es mejor la evitada.
Cuando el ojo no está bloqueado, el resultado es la visión.
Lo que el Diablo no puede hacer hácelo la mujer.
Una bella mujer, todos la desean pero nadie se casa con ella.
No se cazan dos pájaros al mismo tiempo.
La mujer con quien te cases no te gane en heredades.
La hambre no tiene aguante.
Mas vale dar que recibir.
Matar dos águilas con una sola flecha.
El hijo que sale al padre, saca de duda a la madre.
Aire colado, a muchos ha matado.
Quien no canea, calvea.
Agua fina saca la espina.
Buena vida, arrugas tiene.
Ni hagas cohecho ni pierdas derecho.
Amigo de todos y de ninguno, todo es uno.
Cuando no hay un enemigo interior, los enemigos exteriores no pueden hacerte daño.
Oír, ver y callar, son cosas de gran preciar.