Reniego del amigo, que se come solo lo suyo y lo mío conmigo.
Alegría no comunicada, alegría malograda.
Quien tiene enemigos, no duerma, que hasta el escarabajo del águila se venga.
No te metas en querellas ajenas.
La ira de los que aman, en hacerse caricias para.
El mal ajeno no cura el mío.
Buen corazón quebranta mala ventura.
Dichosos los ojos que te ven.
Favorecer a quien no lo ha de estimar es como echar agua al mar.
El monte tiene ojo.
La mejor fraternidad es la desgracia.
Querer es poder.
La virtud es tan desdeñada como la riqueza estimada.
Mujer hermosa y buena espada, de muchos son codiciados.
El que me hace más bien de lo que suele, o engañado me ha o engañarme quiere.
El malo siempre piensa engaño.
Necios y gatos son desconfiados.
No es pobre el que poco tiene, pero sí lo es el que vive con gran avidez.
Ante el menesteroso, no te muestres dichosos.
A palabra necias, oídos sordos.
El más piadoso se alegra, al ver su rival en quiebra.
El padre desvergonzado, hace al hijo mal hablado.
Bueno es el mal que fue ocasión del bien.
Para que la cruz vaya a mi casa, que vaya a la ajena.
La alegría rejuvenece, la tristeza envejece.
Ni muy tenido ni generoso, que todo extremo es vicioso.
El espejo y la amistad siempre dicen la verdad.
El que de la ira se deja vencer, se expone a perder.
No tientes al diablo que lo veras venir.
Renegad de viejo que no adivina.
Cuando la limosna es grande, hasta el santo desconfía.
Cojo, y no de espina, no hay ruindad que no imagina.
Al engaño, con engaño.
Ave de mal agüero, a mi vera no la quiero.
De suegras y de cuñadas va un carro lleno, mira que linda carga va para el infierno.
Al rico, los amigos le son enemigos.
Los ojos son el espejo del alma.
De la abundancia viene la vagancia.
Para presumir hay que sufrir.
Quien hace mal, aborrece la claridad.
Más vale amenaza de necio, que abrazo de traidor.
El mal llama al mal.
Gente parada, malos pensamientos.
No hagas bien sin mirar a quien.
El orgullo suele ponerse la capa de la humildad.
A mujer bonita o rica, todo el mundo la critica.
Ingratos hacen recatados.
Cortesías engendran cortesías.
Hambre que espera hartura, no es hambre.
Ni joya prestada, ni mujer letrada.