Daría yo un ojo, porque a mi enemigo sacasen uno.
El que presta a un amigo, pierde el dinero y pierde el amigo.
De mercader a ladrón, un escalón.
Dale con que la abuela fuma.
Un abismo llama a otro y un pecado a otro pecado.
Buenas cartas a veces pierden.
Busca arrepentimiento, el que busca casamiento.
El pobre de su pobreza no sale.
Lo que mucho se usa, poco dura.
El río pasado, el santo olvidado.
No puede ser precavida, quien no sabe de la vida.
El que tiene padrino es el que se bautiza.
Usted no enseña a una jirafa a correr.
Muerte no venga que achaques no tenga.
Santo Tomás, una y no más.
Al buen amar, nunca le falta que dar.
El dolor del viudo es corto pero agudo
Una persona que se cambia de ropa siempre se oculta mientras se está cambiando.
Amor, opinión y fortuna corren la tuna.
Quien siempre habla y nunca calla dice muchas insensateces. La lengua ligera ocasiona problemas y a menudo menosprecia al hombre.
Quién no se levanta temprano, nunca hace el trabajo diario.
Lo que mece la cuna, hasta la muerte dura.
Sufrir mujer contenciosa, es brava cosa.
Harto desatina quien a los sesenta años no adivina.
Donde están los hechos, no son necesarias las palabras.
El mucho hablar es dañoso, y el mucho callar no es provechoso.
A confesión de castañeta, absolución de zapateta.
El cosechar y disponer de provisiones puede durar por largo tiempo.
Más vale poco pecar que mucho confesar.
No se me olvidará mientras me acuerde.
De golpe y porrazo, se enriquece el ladronazo.
Ni te compres limas, ni te compres peras, ni te comprometas en donde no puedas.
Nadie es sabio en todas partes.
Casa en esquina, o muerte o ruina.
Ni amigo burgalés, ni cuchillo cordobés.
Bendito sea el mal que a los nueve meses se ha de quitar.
La mujer el pan amasa y el viejo mande en casa.
El dar es honor; el pedir, dolor.
Lo inútil siempre es caro, aunque cueste barato.
El Abad de Compostela, que se comió el cocido y aún quiso la cazuela.
No deje para las diez, lo que pueda hacer después.
La mujer rogada y la olla reposada.
Una es la cuenta del borracho, y otra la del tabernero.
Ni es carne, ni es pecado.
Quien va despacio y con tiento, hace dos cosas a un tiempo.
A la corta o a la larga no hay matrero que no caiga.
Donde el gusto falta, nada valen el oro y la plata.
Si quieres participar de la olla ajena, que la tuya no tenga tapadera.
O te aclimatas, o te aclimueres.
La mala fe, no pare hembra.