Aunque te chille el cochino, no le aflojes el mecate.
Nieves en la tierra, abundancia en la vega.
Aire de Levante, agua delante.
Al tomar mujer un viejo, o tocan a muerto o a cuerno.
A cada cañada le llega su añada.
Afanar y no medrar es para desesperar.
Cochino fiado, gruñe todo el año.
No hay provecho propio sin daño para otro.
Palo dado ni Dios lo quita.
Un vasillo de vino, al segundo le abre camino.
El que se fue a León perdio su sillón.
Cada uno trate de su oficio y deje el del vecino.
No prediques en desierto, ni machuques hierro yerto.
Casarse bajo el palo de la escoba
El que bien come y bien digiere, solo de viejo se muere.
Lo pasado, pisado.
Halagos de suegra, consuelo de nietos.
En los años no importa cuantos, lo importante es cumplirlos.
A cada renacuajo dio Dios su cuajo.
En sí toma buena doctrina el que en cabeza ajena se castiga.
A fuer de Toledo, que pierde la dama y paga el caballero.
Juicios tengas, y los ganes.
El que ha derramado sus gachas de avena no puede recogerlas todas
Decir y hacer pocas veces juntos se ven.
El que de joven no trotea, de viejo galopea.
Las gracias y los donaires no asientan sobre ingenios torpes.
Ni en pelea de perros te he visto
En el buen tiempo, amistades ciento; mudada la fortuna, ni una.
No caga en loma, por no ver rodar el bollo.
La puerca tira del tapón
Por los ojos entran los antojos.
El que se acuesta con niños, se levanta meado.
A perro viejo no cuz cuz.
A la hija traviesa, con azotes se endereza.
Porfía mata venado, que no venablo.
Un clavo saca a otro clavo.
La moda no incomoda.
Malo un rico empobrecido, peor un pobre enriquecido.
Desengaños y sinsabores matan a los mejores.
Es inútil buscar amigos fuera de casa si no se cuida y respeta a los propios padres
Mala olla y buen testamento.
Matrimonio repentino, muchacho cincomesino.
Quien reparte la herencia antes de la muerte, se merece que le den con una piedra en la frente.
La cortesía de un solo lado no puede durar mucho tiempo.
Dar lo que se tiene, a ninguno le conviene; tomar de lo de otros, a mí y a todos.
Atender y entender para aprender.
La honra que se perdió, tarde o nunca se recobró.
Hija enlodada, ni viuda, ni casada.
No hay más sordo, que quien no quiere oir.
Quien te alaba en tu presencia te censura en tu ausencia