Pues morir no se excusa, mal vivir, ¿por qué se acusa?.
Indio, pájaro y conejo, en tu casa ni aún de viejo.
Quien administra hacienda ajena, no se acuesta sin cena.
Quien a dos amos sirve, siempre termina mal.
Quien no se arriesga no conquista
Uno piensa el bayo, y otro el que le ensilla.
Variante: El vino demasiado, ni guarda secreto, ni cumple palabra.
Cuando el necio es acordado, el mercado ya ha pasado.
Por el becerro se amansa la vaca
Ganancia inocente, no lo verás fácilmente.
Esposa hermosa te obliga a montar guardia
Hacer más daño, que un buey por un tejado.
A los viejos les espera la muerte a la puerta de su casa; a los jóvenes les espera al acecho.
La ignorancia es la madre del atrevimiento.
La necesidad al menesteroso le obliga a ser mentiroso.
Tiempo al pez, que picará alguna vez.
Tabaco, vino y mujer, echan al hombre a perder.
Hombre a caballo, en cada venta echa un trago.
Ninguno que beba vino llame borracho a su vecino.
El menor yerro que podría hacer, es casarse la mujer.
Dios castiga sin piedra ni palo.
Zapatero haz tus zapatos, y déjate de otros tratos.
El que por su gusto es buey hasta la coyunda lame.
Yegua que no has de montar, de tu paja ni catar.
No hay mucho que no se acabe, ni poco que no alcance.
En la casa del buen amo vive y muere el buen criado.
A la que parió harto no la engaña un parto.
Al vino y al niño hay que criarlos con cariño.
Afanes y refranes, herencia de segadores y gañanes.
A canto de pájaro y a gracia de niño no invites a ningún amigo.
Una imprudente palabra, nuestra ruina a veces labra.
A borracho fino, primero agua y luego vino.
Allega, allegador, para buen derramador.
Lo que se consigue en la niñez, crece y agrada después.
Pan con vino no emborracha, pero alegra a la muchacha.
Año malo, panadera en todo cabo.
Casa de esquina, para mi vecina.
Reniego de caballo que se enfrena por el rabo.
No hay virtud y nobleza que no abata la pobreza.
Mujer sin varón, ojal sin botón.
Alábate, burro, que nadie te alaba.
Para atrás ni para coger impulso.
La bebida despinta al barniz y descubre al hombre.
Agarrando aunque sea fallo.
No hay predicador más persuasivo que San Ejemplo.
Fortuna te de Dios, que el saber poco te basta.
Los hijos cierran los oídos a los consejos y abren los ojos a los ejemplos. Fernando Monzón.
A agentes y consintientes, la misma pena se debe.
Con meros consejos, no se va muy lejos.
Jarrito nuevo, ¿dónde te pondré?