A la corta o a la larga, el tiempo todo lo alcanza.
Agua turbia no hace espejo.
Uno levanta la caza y otro la mata.
Ama a quien te ama, y no a quien te ilusiona.
Jarro de cristal o de metal o de plata, no refresca el agua; el mejor jarro, es el de barro.
Hay quien a los veinte años es viejo y a los cuarenta pellejo.
El que tiene una alta meta, suela cambiar de chaqueta.
Centavito a centavito va llenándose el cochinito.
Entre el si y el no de una mujer, no cabe ni la cabeza de un alfiler.
A la fuerza, no hay razón que la venza.
El aceite es: armero, relojero y curandero.
Casa sin mujer no es lo que debe ser.
Invierno que mucho hiela, cosecha de fruto espera.
Quien da lo suyo antes de la muerte, que le den con un mazo en la frente.
Avellanas con Montilla, almendritas con Jerez, nuececitas con Moriles, y en mi mesa pon los tres.
Quién tiempo tuvo y tiempo perdió, con una albarda castíguele Dios.
El mal llama al mal.
Amistades que son ciertas mantienen las puertas abiertas.
Chofer que mucho acelera, se rompe la calavera.
A caballo que te regalan no pongas reparos en la capa.
A la mujer no la cates, no es melón.
Riquezas con sobresaltos, miserias las llamo.
Levantar la liebre para que otro la mate es disparate.
Juntársele a alguien el cielo con la tierra.
La sinceridad viene del alma y se lee en el rostro de los sencillos
Casamiento por amores, no darán fruto esas flores.
Desvestir un santo para vestir otro.
No hay hombre sin hombres.
Fue por potros y trajo muletas ¡malhadada feria!.
Para hilar una mentira, siempre hace falta madeja.
Para San Antón, busca la perdiz al perdigón.
De la mujer, del tiempo y la mar, poco hay que fiar.
El solo querer es medio poder.
Nunca cagues más de lo que comes.
Antes perderá el hombre el diente que la simiente.
Quien está presente sigue viviendo; quien se ausenta lo tienen por muerto.
Año bisiesto, hambre en el cesto.
Adorar al santo por la peana.
A traidor, traidor y medio.
Ni Justicia ni verdad en la tierra encontrarás.
A la buena casada, solo su marido le agrada.
El pepino en el gazpacho, y los negocios en el despacho.
Martillo de plata rompe puertas de hierro.
El arandino se lava con vino, lo lleva de camino y lo bebe de continuo.
Al tahúr nunca le falta qué jugar ni al putañero qué gastar.
Jamás olvidó el que bien amó.
A quien mal vive, su miedo le sigue.
Nadie sabe de la sed con que otro bebe.
Cual andamos, tal medramos.
Niebla en el valle, labrador a la calle.