Cuando las barbas del vecino veas pelar, pon las tuyas a remojar.
Casa hecha, sepultura abierta.
Ajuar de la forastera: dos estacas y una estera.
Luna con cerco, lluvia y viento.
El buey tira del arado, más no de su agrado.
Que aprovecha bien ganar, ¿para mal gastar?
Quiero demasiado a Dios para tener miedo al diablo
A rey muerto, principe coronado.
Fingir ruido por venir a partido.
Quien ríe y canta su mal espanta
Jamás cerró una puerta Dios, sin que abriese dos.
Inclinar la balanza.
Alegría amagada, candela apagada.
El marido y la mujer deben ser como las manos y los ojos: cuando duele la mano, los ojos lloran, y cuando los ojos lloran las manos secan las lágrimas.
Ni te compres limas, ni te compres peras, ni te comprometas en donde no puedas.
Si quieres de tu amigo probar su voluntad, finge necesidad.
El que jura miente.
En la vida no me quisiste, en la muerte me plañiste.
No tenéis más parte en el hijo, que el diablo en el paraíso.
A cartas, cartas y a palabras, palabras.
Quien se excusa se acusa.
El que adelante no mira, atrás se queda.
La pobreza anhela muchas cosas, pero la avaricia más.
Solo hay tres cosas que conviene hacer aprisa; huir de la peste, alejarse de las querellas y cazar pulgas.
El que este libre de culpa que tire la primera piedra.
Al herrero con barbas y a las letras con babas.
El hambriento, por sorber algo, sorbe el viento.
El que guarda siempre encuentra.
Al que Dios ha de ayudar, sábele bien hallar.
Hecha la ley, hecha la trampa.
Con pistola a discreción, cualquiera tiene razón.
Estas matando el tiempo, no sabes que el tiempo es quien te esta matando a ti.
Más vale pajarito en mano que pichón en el campo.
A tres azadonadas, sacar agua.
Buen lector, mal escribano.
Ni fíes, ni porfíes, ni arriendes y vivirás bien entre las gentes.
Al roto, patadas y porotos.
No hay mayor tontería que reñir.
De todos olvidado, muerto y no enterrado.
De cada diez hombres favorecidos, cinco contentos y cuatro desagradecidos.
El cangrejo de río está del lado del cangrejo de mar.
De casi no muere nadie.
La suerte y la muerte están siempre a la puerta
Dios pocas veces quiere obrar, sino cooperar.
Uno esquila ovejas, otro, cerdos
Las penas de amor las quita el licor
Las penas no matan de un hachazo, sino poco a poco van matando.
Abominable es el hombre que hace mal uso de su tiempo
La oveja de muchos, el lobo la come.
Nada contra la corriente.