Decir y hacer dos cosas suelen ser.
Las maldiciones son como las procesiones; por donde salieron vuelven a entrar.
No gastés pólvora en chimancos.
Quéjese de la muela aquel al que le duela.
Dos cabezas piensan más que una.
Esto el mundo me enseñó: a lo tuyo tú; y a lo mío, yo.
Quien escurre el bulto, se evita el insulto.
Te ocultas tras una red y crees que ninguén te ve.
Dar con la puerta en la cara.
Hacemos daño al hombre cuando le pedimos hacer lo que está dentro de sus posibilidades o hábitos.
Las cosas en caliente pegan.
Mal ojo le veo al tuerto.
Ley puesta, trampa hecha.
Estoy como gallo en corral ajeno
El hombre más insignificante y débil puede hacer algún daño.
Para acertar mejor, echarlo a lo peor.
Nadie aprecia el bien que tiene, mientras que no lo enajene.
El hombre no puede saltar fuera de su sombra.
Que uno fume y otro escupa, no es cosa justa.
De persona palabrera, nunca te creas.
Quien caza sin perros, se pierde en los cerros.
Lo que es bueno para el bazo, no lo es para el espinazo.
Los cementerios están llenos de valientes.
No hay hombre tan bravo que el tiempo no haga manso.
La misma virtud no escapa a los golpes calumniosos.
Ni hagas cohecho ni pierdas derecho.
Bahabón, en cada casa un ladrón, en la del alcalde dos, y en la del alguacil, hasta el candil.
A la iglesia de Dios ni darle ni quitarle.
Cuando el león muere, encima le mean las liebres.
Los fusiles y cañones, lubricarlos con razones.
Todo por servir se acaba... y acaba por no servir.
Panza llena, quita pena.
En Febrero busca la sombra el perro.
Predicar en desierto sería gran desacierto.
Al molino y a la esposa, siempre le falta alguna cosa.
A can que lame ceniza, no fiarle harina.
No te dejes aconsejar por un perdedor.
A causa perdida, mucha palabrería.
Por amor a la rosa se soportan las espinas
Vale más tener que no desear.
La casta Susana, que enterró a tres maridos y aún le quedan ganas.
Pasada la riña fiera, queda sangre en la gallera.
Amor con casada, vida arriesgada.
Con rabia el perro, muerde a su dueño.
La casa es necesaria, para el rico y para el paria.
Recorre a menudo la senda que lleva al huerto de tu amigo, no sea que la maleza te impida ver el camino.
Al no ducho en bragas, las costuras le hacen llagas.
A lo lejos mirar y en casa quedar.
El remedio más noble contra las injurias es el olvido.
Cierre tras sí la puerta quien no la halló abierta.