Justicia y no por mi casa.
No hay dicha, sino diligencia.
Lo que se regala y se quita se vuelve cuita.
Después de lo hecho, todos dan consejo.
El trabajo no deshonra, dignifica.
Tierra por medio, para poner remedio.
El sastre, corte y cosa, y no se meta en otra cosa.
La buena suerte se pasa, y el saber se queda en casa.
El comer y el besar, todo es hasta empezar.
Asi joven supiera y el viejo pudiera.
Cuando fueres a concejo, acuerda en lo tuyo y deja lo ajeno.
El yerro del médico, la tierra lo tapa; el del letrado, el dinero lo sana; el del teólogo, el fuego lo apaga.
Estudiante y diablo, una misma casa con dos bocados.
Nacer de pie.
La mujer primeriza, pechos y no barriga.
Los señores hablan de cosas, los criados de personas.
Cada uno es para si y Dios es para todos.
A padre ahorrador, hijo gastador.
El niño sin hacer trabajo, da mucho trabajo.
Yo estudio derecho, dijo el borracho.
Hijos crecidos, trabajos llovidos. Hijos casados, trabajos doblados.
Tarea que agrada, presto se acaba.
Mucho escuchar y poco hablar buena fama te han de dar.
Quien no entiende una mirada, no entiende una larga explicación.
Empezar como grande y acabar como chico, corrida de caballo y parada de borrico.
Tenga yo salud, y dinero quien lo quisiere.
En los grandes aprietos, crece el entendimiento.
El que no tiene mujer, bien la castiga, y el que no tiene hijos, bien los cría.
Es más importante la creatividad que la inteligencia.
A mucho hablar, mucho errar.
Consejo de padre, guárdelo el hijo con siete llaves.
Cortesía de sombrero, hace amistades y no cuesta dinero.
Carrera de caballo y parada de borrico.
Solo el hombre prudente puede emplear bien sus ocios.
No es solo saber sumar, sino que hay que saber restar.
A la hija mala, dineros y casalla.
Amagar y no dar es apuntar y no tirar.
No saber una jota.
No es lo mismo predicar que dar ejemplo.
Tretas y tetas pueden más que letras.
Quien algo quiere ser, algo ha de comprender.
Belleza y dinero, primero lo postrero.
Escritura es buena memoria.
Ocasión y tentación, madre e hija son.
La virtud en sí es un premio
Hablando se entiende la gente.
El dormir y el comer, hermanos han de ser.
Una juventud que no cultiva la amistad con los ancianos es como un árbol sin las raíces.
Un jesuita y una suegra saben más que una culebra.
Juventud con hambre quisiera yo, y vejez con hartura no.