Pobre atestado saca mendrugo.
Nadie se ha pelado por pedir.
Para un madrugador, uno que no duerma.
Ovejas de una puta, carneros de un ladrón, bien haya quien os guarda, mal haya cuyo sois.
Tres sacos son necesarios para tratar con un abogado: un saco de papeles, un saco de paciencia y un saco de dinero.
A buena suela, mala pieza.
Dar a la bota un beso, no es grave exceso; darlo a una mujer lo suele ser.
Se te cayó e cassette
Mear sin peer, rara vez.
Santo que mea, maldito sea.
Para rehusar curarte, te pide cuernos de perro.
Es tonta la oveja que va a confesarse con el lobo.
Lo bailado nadie me lo quita.
¿Qué mayor delito que la pérdida de tiempo?
No la hagas y no la temas.
Como tordo viejo en campanario, que de campanadas no hace caso.
Un diablo bien vestido, por un ángel es tenido.
Variante: A caballo dado no se le ve (el) colmillo.
Vieja que baila, mucho polvo levanta.
La fantasía es la loca de la casa
Nadar, nadar, y a la orilla ahogar.
Bestia prestada, mal comida y bien caminada.
Si quieres ser estimada no te roces con cualquiera, que la fruta mayugada se pudre y no hay quien la quiera.
De mal montecillo, bueno es un gazapillo.
Siempre que ha de hablar un lisiado, en la puerta un jorobado.
Callar como puta tuerta.
No dar pie con bola.
El que rompe, paga.
Cuando un hombre retrocede es para retirarse. Cuando una mujer retrocede es para coger carrerilla.
Dame un pijo y te traeré un hijo.
Aguardiente arrancarejas, no la bebas.
Quien debe y paga, no debe nada.
La manda del bueno no es de perder.
Alza en blando, bina en duro y no verás a tu suegro sañudo.
Quien ama, teme.
Al amigo, nunca lo pruebes.
De la madre la gran ciencia, es tener mucha paciencia.
Juzga el ladrón, en su saña, a todos por su calaña.
Si entiendes, las cosas son así. Si no entiendes, las cosas son así.
No te fíes de quien de ti desconfíe.
Al loco y al toro, dale corro.
Piensa mal y acertarás, aunque alguna vez te equivocarás.
Alcaraván zancudo: para otros consejo, para ti, ninguno.
La causa no justifica el motivo.
Con un consejo y un duro, sale el hombre del apuro.
A donde las dan, allí las toman.
Una cosa es predicar y otra distinta dar ejemplo.
Muchas veces no son las cosas lo que parecen.
Haga lo que yo mando, no lo que yo hago.
Madrastra, ni de cera ni de pasta.