Todas las cosas tienen un fin, excepto las salchichas, que tienen dos.
Dar limosna no empobrece y para el cielo enriquece.
La zagala y el garzón, para en uno son.
Cada casa es un mundo, y cada cabeza una alcancía.
Siempre que llovió, paró.
Todo mono sabe en que palo trepa.
A amo ruin, mozo malsín.
A comer, sé tu el primero; a pelear, el postrero.
Mas pesado que un biberón de mondongo.
Beber y comer, son cosas que hay que hacer.
Gente castellana, gente sana.
El duro del casado vale dos cincuenta.
Dios nos libre del incendio en una casa vieja.
Socorro tardío, socorro baldío.
Si la fuerza hace vencedores, la concordia hace invencibles.
Hablando, hablando, la ocasión se va pasando.
Hacer caldo gordo a escribas y fariseos.
Besos y abrazos no hacen niños, pero tocan a vísperas.
La lluvia de primavera es tan preciosa (valiosa) como el acerte.
Ni calabaza sin tapón, ni mujer sin quita y pon.
Más vale buena concordia que próspera guerra y victoria.
Quien nada hace, nada teme.
El consejo a posteriori es como la lluvia tras la cosecha
La mujer bella está mejor desnuda que vestida de púrpura
Cumple con tu deber, aunque tengas que perder, si dichoso quieres ser.
Del mal, el menos.
Haz tres veces una cosa que está mal hacer y ya te parecerá buena.
El hombre más rico es el que sabe qué hacer al día siguiente
Torta en masa bien se pasa.
Un lugar para cada cosa y cada cosa en su lugar.
El juego del puto, la primera carta es triunfo.
Cuando no llueve en Febrero, no hay buen prado ni buen centeno.
Si dieras de comer al diablo, dale truchas en invierno y sardinas en verano.
Tres pies para un banco y el banco cojo.
Un hombre feliz es como un barco que navega con viento favorable.
Abril, aguas mil y todas caben en un barril.
De tarde madrugar y tarde casar, arrepentirte has.
Más ata pelo de coño que maroma de barco.
Como poroto de la chaucha.
El toro y el melón, como salen, son.
Solo deja para los demás lo que no quieras hacer tú mismo.
Más ordinario que un sicario en un burro.
La bonita hace dinero, con solo mostrar el cuero.
El llanto sobre el difunto.
Después de Dios, la olla y todo lo demás es farfolla.
En un altar deteriorado no se prenden velas.
Jugando, jugando, se dicen agrias verdades de cuando en cuando.
Cuando Dios no quiere aliviar los males, ni sirven sangrías ni flores cordiales.
A pan duro, diente agudo.
Fiambre y fiado, saben bien, pero hacen daño.