La muerte lo mismo come cordero como carnero.
Siempre que haya en este mundo amigos íntimos, estarán tan cerca como simples vecinos aunque se encuentren en los confines más remotos.
El monte tiene ojo.
Ser pobre y rico en un día, milagro es de santa Lotería.
Las palabras se las lleva el viento, lo escrito permanece.
Mal lo aliña quien en sus tiempos no labró la viña.
Calabaza, calabaza, cada uno para su casa.
El canalla es el que hace el agravio, no el que lo soporta.
Lo malo, a quien lo apetece, bueno y justo le parece.
Vergüenza y virginidad, cuando se pierden, para la eternidad.
Dar para recibir, no es dar sino pedir.
Quien sabe amar jamás hace sufrir.
A ti te las digo, Pedro; si por ti las toma Juan, es que también a ti te van.
Si el bueno sufre y el malo prospera, se siente el deseo de hacer mal las cosas.
Pan de días dos, vino de años tres, y Venus, cada mes.
Quien fía su mujer a un amigo, en la frente le saldrá el castigo.
A cabrón, cabrón y medio.
Cuando el elefante y el caballo se ahogan, el asno pregunta si el río lleva mucho agua.
No creas nunca en cielo serrano, lagrimas de mujer o cojera de perro.
Hecha la ley, hecha la trampa.
El amor vence todo.
Puede llamarse hombre honrado, quien es y lo ha demostrado.
El hijo prodigo, siempre vuelve a casa.
El salario del justo es la vida; la ganancia del malvado es el pecado.
Julio, siega y pon tres cubos.
Siete le daban al tocho, y el quería ocho.
Pregunta al hombre con experiencia, no al hombre con estudios.
Uno a ganar y cinco a gastar, milagrito será ahorrar.
La mujer siempre es más lista que el hombre que la conquista.
Daría yo un ojo, porque a mi enemigo sacasen uno.
Quien vive fiando al amigo, estudia para mendigo.
Quien picha lejos y pede fuerte no tiene miedo a la muerte.
Al molino y a la esposa, siempre le falta alguna cosa.
El que mal anda, mal acaba.
Dame pan y llámame perro.
Quien a viejo quiera llegar, a los viejos ha de honrar.
A quien dan y no toma, dicha es que le sobra.
Cuando fueres a concejo, acuerda en lo tuyo y deja lo ajeno.
Me basta un rincón junto a la chimenea, un libro y un amigo, un sueño breve, no atormentado por las deudas
Los pies van donde va el corazón
A la arrogancia en el pedir, la virtud del no dar.
La conciencia es a la vez, testigo, fiscal y juez.
Cuando el sol se da la vuelta, a la mañana siguiente el agua llega a los pies
El hábito es al principio ligero como una tela de araña, pero bien pronto se convierte en un sólido cable.
Donde manda el perro, se ata al amo.
Matar dos águilas con una sola flecha.
Refranes viejos, recortes del evangelio.
Médico y confesor, cuanto más tarde mejor.
Dar a guardar las ovejas al lobo.
La abundancia da arrogancia.