A quien te engañó una vez, jamás le has de creer.
La muerte a unos da buena a otros mala suerte.
A cada paje, su ropaje.
A fuer de Toledo, que pierde la dama y paga el caballero.
A embestida de hombre fiero, ¡pies para que los quiero!.
Una gran ciudad es un gran desierto.
El que a su hijo consiente va engordando una serpiente.
Hombre bien vestido, nunca mal parecido.
La novia, de contado, y la dote, de prometido.
El amor y el reloj locos son.
El rico no pierde sino el alma, y las hijas de los pobres.
De lo que no veas, la mitad sólo creas.
Lo barato, sale caro.
Al que se casa una vez, dan corona de paciencia; y al que dos, capirote de demencia.
A misa, no se va con prisa.
El que por su gusto corre, nunca se cansa.
Agua al mediodía, agua para todo el día.
Cuando no hay un enemigo interior, los enemigos exteriores no pueden hacerte daño.
Donde no hay pan, se va hasta el can.
Hombre cortés, de todos estimado es.
Por sus hechos los conoceréis.
Rosquilla de monja, fanega de trigo.
El que desprecia un centavo deseará después un peso.
Con una palabra se repara una deuda de 1000 nyang.
A presurosa demanda, espaciosa respuesta.
Mal vecino es el amor, y do no lo hay es pero.
Cada uno se apaña según tiene maña.
Todo vale para el convento, y llevaba una puta al hombro.