Entiende bien la dicción, antes de armar discusión.
A confite de monja pan de azúcar.
Del niño el beso, del viejo el consejo.
Los muros ensordecidos, a veces tienen oídos.
Gallo que no canta algo tiene en la garganta.
Adorar al santo por la peana.
Donde pone el ojo, pone la bala.
Beber, hasta la hez.
Estas como mango, amarilla y bien chupada.
Oficio que no mantiene a su amo, vaya al diablo.
Peixe con ollos, á caixa. Pez con ojos, a la caja.
Para el culo de una mujer y la mano de un barbero, siempre es Enero.
Ese huevo, quiere sal.
A mal Cristo, mucha sangre.
Barba remojada, medio afeitada.
A cabo de cien años, marido, soy zarco o calvo.
Nunca te metas con una más jodia que tu; porque se joden los dos.
El ingrato por un favor, coces cuatro.
Lo malo, a quien lo apetece, bueno y justo le parece.
De paja o de heno, mi vientre lleno.
Buen arte es el médico que sotierra su yerro.
Al tomar mujer un viejo, o tocan a muerto o a cuerno.
Mal está el ama, cuando el barbero llama.
Entre dos que se quieren con uno que coma basta [y ese que sea yo].
Entre la verde y la madura, el hambre ayuda.
Variante: A buen hambre, no hay mal pan.
A enfermo de encontrón, medicina de trompón.
Pan con queso sabe a beso.
Comer ajo y beber vino no es desatino.
A la mala costumbre, quebrarle la pierna.
Mal oledor, mal catador.
El que cuida la higuera, comerá de su fruto.
Decir y hacer dos cosas suelen ser.
Comer a dos carrillos, como monja boba.
Es más molesto que una piedra en el zapato.
El cazador busca la pieza, la pieza no busca al cazador.
De abundancia del corazón, habla la lengua.
Es devoto o es loco quien habla consigo solo.
Matad el hambre, y no deis lugar que la hartura os mate.
Mal ladra el perro, cuando ladra de miedo.
A lo que no tiene remedio, oídos sordos.
Tripas llevan corazón, que no corazón tripas.
Zapateador que bien zapatea, bien se menea.
Perro no come perro y tú ya me estás tragando.
Un ángel para prestar y un diablo para cobrar.
Bofetón amagado, nunca bien dado.
Lo prometido es deuda.
Se llena antes el ojo que el papo.
El vino debe tener tres prendas de mujer hermosa: buena cara, buen olor y buena boca.
El terco que se empecina, al fin descubre la mina.