Dios castiga sin dar voces.
Comprar y vender, buen camino para enriquecer.
Dios carga a quien tiene buenas espaldas.
Hablando se entienden los blancos.
Al freír será el reír.
La alegría da resplandor a la piel de la cara
Con el diablo se aconseja quien mete aguja para sacar reja.
Un maravedí sobre otro llegan a comprar potro.
Quien la gana sufre, quien lo encuentra goza.
Afanar y no ganar, doy al diablo tal afanar.
Sin segundo, no hay primero.
De ausente a muerto, no va un dedo.
Si a la abeja ves beber, muy pronto verás llover.
No hace tanto daño la zorra en un año, como paga en un día.
De broma en broma, la verdad se asoma.
Los tontos consiguen las mejores cartas
Bueno de asar, duro de pelar.
Ave por ave, el carnero si volare.
Si truena es porque va a llover.
El bueno, lo malo calla; el malo, todo lo habla.
Lo que me debe Juan no me lo puede pagar; pero si se muriera, menos pudiera.
Gato, rey y mujer, no saben agradecer.
Labrador lunero, pierde el fruto y pierde el tiempo.
En lo que el hacha va y viene, descansa el palo.
A la Virgen del Henar, unos van por ver y otros por mirar.
Casa mal avenida, presto es vendida.
El ave de rama en rama, y el numérito a la cama.
Frío en el invierno y calor en el verano, eso es lo sano.
Joven que nada duerme y viejo que siempre duerme, cercana tienen la muerte.
Hasta el manjar más sabroso, hostiga cuando es copioso.
Juventud licenciosa, vejez penosa.
Quien habla, siembra; quien oye y calla, recoge y siembra.
Del mirar nace el desear.
Agua, Dios, el vino en bota y las mujeres en pelota.
Buena es la carne; buena es la cecina; mejor es la cocina.
El que gasta antes de ahorrar pedirá limosna antes de lo que cree.
Para roer, la cabra, y para el colchón, la lana.
Guárdate de puta que la bolsa deja enjuta.
Un momento puede hacernos infelices para siempre
Ninguna maravilla dura más de tres días.
Más tiran dos tetas que dos carretas.
A maestro de espada, aprendiz de pistola.
Líbreme Dios de moza adivina y de mujer latina.
Doblada es la maldad que sucede a la amistad.
Las palabras se las lleva el viento.
Hacienda de muchos, los lobos se la comen.
Tanto nadar para morir en la orilla.
Las palabras se cogen, de quien las dice.
La madre y la hija, por dar y tomar son amigas.
Del cura, lo que diga; del médico, lo que haga; y del boticario ni lo que diga ni lo que haga.