Aprovecha el tiempo, que vale cielo.
Negocio que no da para llegar a las diez, mal negocio es.
Quien aprisa sube, aprisa se hunde.
El dinero vaya y venga y con sus frutos nos mantenga.
Caza, guerra y amores, por un placer mil dolores.
Infierno y gloria, dos nombres en discordia.
En lugar ventoso, tiempo sin reposo.
Con dinero en bolsillo, buen jamón y cochinillo.
Pasar de largo te conviene en lo que ni te va ni te viene.
Cara de beato y uñas de gato.
Al caramelo y a los asuntos, darles su punto.
Quién defiende su tiempo, defiende su dinero.
El aragonés fino después de comer tiene frío.
El dar es honor; el pedir, dolor.
Debe y paga cuanto alcances, pero cuida tus balances.
A mucho vino, poco tino.
Siete le daban al tocho, y el quería ocho.
A buenos ocios, malos negocios.
Barba hundida, hermosura cumplida.
Día de agua, taberna o fragua.
Favores: quien menos los merece, menos lo agradece.
A mucho porfiar, ¿quién se resiste?.
El hombre se casa cuando quiere y la mujer cuando puede.
Bebe y ata la bota.
Cuando una puerta se cierra, ciento se abren.
El que mucho promete, poco cumple.
Sol que mucho pica, o llueve o graniza.
Más enredado que un kilo de estopa.
Cada puta hile y devane y el rufián que aspe.
Date a deseo y olerás a poleo.
Por San Eugenio, castañas al fuego.
El trabajo entero de un año depende de un buen comienzo en primavera.
Cuando la fiebre declina, tiempo propicio de dar quina.
Casamiento sin engaños uno cada diez años.
A quien anda sin dinero, lo ponen de candelero.
Abrazo flojo, amor poco; abrazo apretado, ese sí que es abrazo.
La fortuna es madrina de los necios.
El niño regalado, siempre esta enojado.
Arandino, borracho fino.
Amigo del buen tiempo mudase con el viento.
Deprisa viene el mal, pero cojeando se va.
El que se apura, poco dura.
Saca, pero pon, y siempre habrá en el bolsón.
Espera lo mejor, pero prepárate para lo peor.
Con dinero baila el perro, y con un poco más hasta el dueño.
Del monte sale, con que se arde.
Cada día, su pesar y su alegría.
A la noche, arreboles, a la mañana habrá soles.
Hacer el primo.
El mal que se vaya y el bien se nos venga.