No estará muy triste, quien de rojo viste.
Si no gozo de mi dinero, ¿para qué lo quiero?
El corazón no habla, más adivina aunque calla.
Puedes darle un consejo a alguien, pero no puedes obigarlo que lo siga.
Juez de malas artes es el que no escucha a las dos partes.
La fortuna enloquece a lo mismos que favorece.
El deber se reconoce fácilmente: es aquello que menos deseamos hacer
Todo es nada lo de este mundo, si no se endereza al segundo.
Con esos amigos, ¿para qué enemigos?.
Dos en pleito, para ellos es el daño y para otros el provecho.
Del hombre bruto, no sale ningún fruto.
El joven busca la felicidad en lo imprevisto, el viejo en la costumbre
Cuando no lo dan los campos, lo hacen los Santos.
Tanto da el agua en la piedra que la quiebra.
De chicos es el temer y de grandes el atrever.
A los largos sentimientos, largas consecuencias.
La ignorancia es la madre del atrevimiento.
Ni el caballero buen consejo, ni el letrado buen encuentro.
Un loco echa una piedra al río, y cien cuerdos no la pueden recuperar.
La esperanza mantiene.
Bien de escudos y blasones, pero mal de pantalones.
De sabios es variar de opinión.
Dos no riñen si uno no quiere.
Locura es no guardar lo que cuesta sudores ganar.
Ofrecer y no dar, es deber y no pagar.
El amigo de todos es fiel a ninguno.
La zorra mudará los dientes, más no las mentes.
Al bobo, múdale el juego.
El miedo no anda en burro.
Ni hagas ni seas lo que en otros afeas.
De sabios es el poco afirmar y el mucho dudar.
En este mundo traidor, al mejor tratan peor.
Los amigos van y vienen, los enemigos se acumulan.
De las carreras nada queda, solo el cansancio.
Nada contra la corriente.
Las palabras amables no cuestan nada pero valen mucho.
Dichosos los ojos que te ven.
Si sabes que no llegarás a la meta, no te metas.
Días que pasan de enero, ajos que pierde el ajero.
Son nones y no llegan a tres.
No existen desgracias razonables
Ganar, poco vale sin guardar.
El que presta no mejora.
Caras vemos, corazones no sabemos.
Allega, allegador, para buen derramador.
Duerme el leal lo que al traidor le place.
El vino no tiene vergüenza.
Desbarata hasta un balín.
Allí perdió la dueña su honor, donde habló mal y oyó peor.
Quien anda con buenos, parece uno de ellos.