Mujer asomada a la ventana o es puta o esta ENAMORADA.
La muerte no suele avisar, cuando menos lo piensas, ahí está.
Río cruzado, santo olvidado.
Este es el cuento de María Sarmiento, que fue a cagar y no encontró siento.
Tirar la piedra y esconder la mano, es cosa del villano.
En cojera de perro y en lágrimas de mujer, no has de creer.
Es devoto o es loco quien habla consigo solo.
Para decir la verdad, poca elocuencia basta.
Ir y no volver, es como querer y no poder.
Suerte te dé Dios, hijo, que el saber de nada sirve.
Lo que el viejo ve por estar sentado, no lo percibe el joven que esta de pie.
Pan con ojos y queso sin ellos.
Si lo de fuera se ve, lo de dentro se adivina.
Vanidad humana, pompa vana: humo hoy y polvo mañana.
Con locos, niños y putas, no negocies ni discutas.
Gran hidalguía y la despensa vacía.
Caballo que a treinta pasos ve una yegua y no relincha es que está malo o le aprieta la cincha.
Ninguna buena historia se gasta, por muchas veces que se cuente.
En casa llena el loco no se apena.
El dueño del perro no obedece a su perro.
Más vale enemigo cuerdo que amigo loco.
A casa sinvergüenza, todo el mundo es suyo.
Casa cerrada, casa arruinada.
Mal se conforma con el viejo la moza.
Albañil chapucero tapa en falso el agujero.
La gente asustada, no ve ni oye nada.
Hay alegrías sosas y tristezas sabrosas.
En vida de nadie te metas que salen perdiendo las alcahuetas.
No es vergonzoso preguntar, es vergonzoso no preguntar.
Pan con pan comida de tontos.
Lo que no cuesta no vale.
El maestro Quiñones, que no sabe para él, y ya quiere dar lecciones.
El casado por amor vive vida con dolor.
Jugarse hasta la camisa.
Del agua mansa no fíes nada.
O bien no emprender nada, o bien asombrar a todo el mundo con cuanto emprende.
Irse de picos pardos.
Caballo viejo no aprende trote nuevo.
Llenarle la cuenca a alguien.
La voz del culo no admite remedio ni disimulo.
Las penas, o acaban, o se acaban.
El mucho vino, no guarda secreto ni cumple palabra.
Mire usted qué dicha, perder el asno y hallar la cincha.
Juegos, pendencias y amores, igualan a los hombres.
Hay que desconfiar siete veces del cálculo y setenta veces del calculador.
Palabras claras, no necesitan explicaciones.
El que tropieza y no cae, adelanta terreno.
Es cosa de locos querer coger mucho sembrando poco.
El que te habla de sus penas, espera que se las resuelva.
Al revés te lo digo, para que me entiendas.