Ahorrar no es solo guardar sino saber gastar.
Jugar limpio, bueno para la conciencia y malo para el bolsillo.
La cabra coja, junto a la casa trota.
Nadie se alabe hasta que acabe.
Al loco y al aire, darles calle.
Hablando nos entendemos.
Padre, que me ahorcan; hijo, a eso se tira.
A la muerte, no hay cosa fuerte.
Jugar a dos barajas.
Ni mueras en mortandad ni juegues en Navidad.
Limosna que así se vela y se ofrece, de lo alto viene.
Los de Guadalajara, por la noche mucho, por la mañana nada.
El que se fue a la villa, perdió su silla y el que se fue a Torreón, su sillón.
Un corazón tranquilo es mejor que una bolsa llena de oro.
Lo que se hace aquí, se paga aquí.
Por mucho madrugar, aparecen las ojeras.
Perro ladrador, poco mordedor.
Darás con la cabeza en un pesebre.
En las caricias de otoño, se empieza en la cara y se acaba en el coño.
Llegar al humo de las velas.
Ser un mordedor de pilares
Quien se va, como muerto está, y pronto se le olvidará.
Despacio al pensar y pronto al ejecutar.
Agua caliente, salud para el vientre.
Después de la risa viene el llanto.
Al hombre harto, las cerezas le amargan.
Guárdate de puta que la bolsa deja enjuta.
Riñen las comadres y dícense las verdades.
A la ruin oveja la lana le pesa, y al ruin pastor el cayado y el zurrón.
Tres cosas matan al hombre: soles, cenas y penas.
Cuando Dios no quiere, los santos no pueden.
Todo es nada lo de este mundo, si no se endereza al segundo.
Agua encharcada, hervida después de colada.
Genio y figura hasta la sepultura.
Quien salud no tiene, de todo bien carece.
El dar es honor; el pedir, dolor.
Las sueños, sueños son.
Cada burro apechuga con su carga.
A los años mil, vuelve la liebre a su cubil.
El yerro encelado, medio perdonado.
Cada día, su pesar y su alegría.
Chocolate y agua fría, cagalera a mediodía.
Tripa llena, ni bien huye ni bien pelea.
Las tareas de un elefante nunca son demasiado pesadas para él.
Allega, allegador, para buen derramador.
Una carreta vacía hace ruidos.
No abras los labios si no estás seguro de lo que vas a decir, es más hermoso el silencio.
Ocasión y naipes, a todos hacen iguales.
Ni tan corto que no alcance, ni tan largo que se pase.
Asno que entra en dehesa ajena, volverá cargado de caleña.