Conocido el daño, el huirlo es sano.
El que teme a sufrir, sufre de temor.
No confundas, jinete, el galopar del caballo con los latidos de tu propio corazón.
Dar una fría y otra caliente.
Descuelga al ahorcado y por él serás colgado.
Antes de meter, prometer.
Nosotros no perdemos tiempo en la vida; lo que se pierde es la vida, al perder el tiempo.
El que se fue a León perdio su sillón.
El pan con hartura y el vino con mesura.
¿Cómo amaneciste ? Pues bien, ahí acostado.
No hay almohada más blanda que una conciencia tranquila.
Bebe y ata la bota.
Comer poco y beber menos, a lujuria ponen freno.
Consejos vendo y para mí no tengo.
En mente obtusa, la letra, ni a punta de palo penetra.
Bocado de pan, rajilla de queso y a la bota un beso, hasta la cena te tendrán en peso.
Lleno es de bondad, quien nunca llegó a envidiar.
Hurta y reparte, que es buen arte.
La hija a quien la pidiere, el hijo se mirará a quién se dará.
Como la lengua es falsa y el corazón no, dice la lengua lo que no siente el corazón.
El oficio quita el vicio.
Belleza sin bondad es como un vino picado
Nunca viene una desgracia sola.
No te fíes de las nieblas, ni de las promesas de suegra.
De vino aguado o agua envinada, no me des nada.
A mucho hablar, mucho errar.
De lo que pensé para mí, a nadie cuenta di.
Los vicios no necesitan maestro.
Buena cara dice buen alma.
Quien duerme no coge liebre.
Entre santo y santa, cama doble y buena manta.
En bien cortar y en vino echar, bien veo quién me quiere bien y quién me quiere mal.
O la bebes o la derramas.
A la mujer y a la viña, el hombre la hace garrida.
El que a orilla del río mora, mucho bebe y mucho llora.
Fruto vedado el más deseado.
La palabra es playa, el silencio oro.
A veces vivimos nuestra vida sintiéndonos encadenados, sin saber que nosotros tenemos la llave.
No hay dos sin tres. (Siempre hay consecuencias)
No saber una jota.
Vámonos muriendo todos que están enterrando de gorra.
Que todo es ilusión menos la muerte.
Adiós señora alcaldesa, que me llevo el reloj y las pesas.
Favor ofrecido, compromiso contraído.
Juan de Aracema que no tenía palabra mala, ni obra buena.
Tirar la piedra y esconder la mano.
Se tragó el mate con bombilla y todo.
Quien nada guardó, nada encontró.
Jeremías llora sus penas y no las mías.
El que ama el peligro, en él perece.