No confundas, jinete, el galopar del caballo con los latidos de tu propio corazón.
Cuando la hija le llega a la madre a la cintura, ya no tiene hija segura.
Descuelga al ahorcado y por él serás colgado.
Antes de meter, prometer.
¿Cómo amaneciste ? Pues bien, ahí acostado.
Dar una fría y otra caliente.
Bebe y ata la bota.
El que teme a sufrir, sufre de temor.
Nosotros no perdemos tiempo en la vida; lo que se pierde es la vida, al perder el tiempo.
El que se fue a León perdio su sillón.
El pan con hartura y el vino con mesura.
Como la lengua es falsa y el corazón no, dice la lengua lo que no siente el corazón.
Comer poco y beber menos, a lujuria ponen freno.
No hay almohada más blanda que una conciencia tranquila.
En mente obtusa, la letra, ni a punta de palo penetra.
Lleno es de bondad, quien nunca llegó a envidiar.
Hurta y reparte, que es buen arte.
La hija a quien la pidiere, el hijo se mirará a quién se dará.
Consejos vendo y para mí no tengo.
Belleza sin bondad es como un vino picado
Bocado de pan, rajilla de queso y a la bota un beso, hasta la cena te tendrán en peso.
El oficio quita el vicio.
De vino aguado o agua envinada, no me des nada.
Nunca viene una desgracia sola.
Buena cara dice buen alma.
A mucho hablar, mucho errar.
De lo que pensé para mí, a nadie cuenta di.
Los vicios no necesitan maestro.
No te fíes de las nieblas, ni de las promesas de suegra.
Quien duerme no coge liebre.
Entre santo y santa, cama doble y buena manta.
En bien cortar y en vino echar, bien veo quién me quiere bien y quién me quiere mal.
O la bebes o la derramas.
Vámonos muriendo todos que están enterrando de gorra.
A la mujer y a la viña, el hombre la hace garrida.
La palabra es playa, el silencio oro.
Favor ofrecido, compromiso contraído.
El que a orilla del río mora, mucho bebe y mucho llora.
Fruto vedado el más deseado.
Adiós señora alcaldesa, que me llevo el reloj y las pesas.
A veces vivimos nuestra vida sintiéndonos encadenados, sin saber que nosotros tenemos la llave.
No saber una jota.
Tirar la piedra y esconder la mano.
Juan de Aracema que no tenía palabra mala, ni obra buena.
No hay dos sin tres. (Siempre hay consecuencias)
Quien en ti se fía, no le engañes.
Quien nada guardó, nada encontró.
Que todo es ilusión menos la muerte.
Se tragó el mate con bombilla y todo.
El pastor que se acuesta con sus abarcas, cuando se despierta no se las calza.