El doctor, a los malos desespera y a los buenos consuela.
El que no agradece, al diablo se parece.
Para el olvido, el ausente no es más que un muerto viviente.
Peor es la moza de casar que de criar.
Quien da lo suyo antes de la muerte, que le den con un mazo en la frente.
¿Mirón y errarla?.
Amigos y mulas fallecen en las duras.
De Abril y de la mujer, todo lo malo hay que temer.
Dame en qué elegir y me darás qué sufrir.
Al hombre harto, las cerezas le amargan.
Buenas cartas a veces pierden.
Los amigos se eligen, pero no los hermanos.
Tu mujer te pedirá disculpas cuando la luna se caiga.
El amor y la tos no pueden ocultarse.
Cacarear y no poner, si malo en la gallina, peor en la mujer.
Adonde no hay remedio, haya paciencia.
De los vanos temores nacen todos nuestros daños.
Madre, ¿qué cosa es casar?. Hija: hilar, parir y llorar.
Viejo que boda hace, "requiescat in pace".
El desperdicio, crea la necesidad. No desperdicies y no necesitarás.
La casa es chica, pero el corazón es grande.
Lo que se da no se quita.
Quien fuerza ventura, pierde rencura.
Hijo de padre pobre, justo es que mucho lo llore, hijo de padre rico, llorándolo tantico.
Que la esperanza no te lleve jamás a despreciar lo que tienes.
Buen moro, o mierda u oro.
Líbreme Dios de hora menguada y de gente que no tiene nada qué perder.
Remendar y dar a putas.
El río pasado, el santo olvidado.
Caballo que con tres años ve a una yegua y no relincha, o no le gusta la yegua o tiene prieta la cincha.
El Diablo no se harta de romper suelas.
El sueño y la muerte hermanos parecen.
Llenarle la cuenca a alguien.
Más vale ser ciego de los ojos, que del corazón.
El que a otro quiere engañar, el engaño en él se puede tornar.
Afición por afición, más cerca está la camisa que el jubón.
La mejor suegra, la muerta.
Más mueren de ahítos que de aflitos.
Cuando un tonto se agarra a una reja, o la arranca o no la deja.
La rica en su desposado, lleva marido y criado.
Mira tus culpas y tus penas, y olvídate de las ajenas.
Tres personas con las que nunca deberías hacer negocios: La demasiado impaciente, la demasiado ambiciosa y la demasiado desesperada.
Los hombres, a la vejez, tornan a la niñez.
El avaro carece tanto de lo que tiene como de lo que no tiene.
A la lumbre y al fraile, no hurgarle; porque la lumbre se apaga y el fraile arde.
No amamos a una mujer por lo que dice, amamos lo que dice porque la amamos.
En corrillos de mucamas, se despelleja las damas.
Muy amigos, pero el borrico en la fermoso.
Agua y bailar, a hartar. Indica que el agua y la diversión nunca deben faltar.
Escarmentar en cabeza ajena es lección barata y buena.