Cuando una desgracia amaga, otras vienen a la zaga.
Acabada la misa, se parten las obladas.
La reflexión consigue tantas victorias como la precipitación consigue derrotas.
Olla que hierve arrebatada, olla malograda.
O jugamos todos, o se rompe la baraja.
Reino dividido, reino perdido.
A causa perdida, mucha palabrería.
Tal hay que se quiebra los dos ojos porque su enemigo se quiebre uno.
A veces, el flaco derriba al fuerte.
A la de tres va la vencida.
Con poco viento cae en el suelo torre sin cimiento.
El vencido, vencido, y el vencedor, perdido.
El que tiene es el que pierde.
El que rompe, paga.
El que se enfada en la boda, la pierde toda.
A fuerza de duros caen los más fuertes muros.
Revueltas andan las cosas; las ortigas con las rosas.
Lo mal vendido hace perder lo bien adquirido.
La tradición y los platos se hicieron para romperse.
Váyase lo ganado por lo perdido.
Quien acomete vence.
Más dura será la caída.
Acometer hace vencer.
Barco sin cubierta, sepultura abierta.
Pequeña hacha derriba un roble.
La cera se destruye y la procesión no camina.
Antes doblar que quebrar.
Por donde la cabra pasa, todo lo arrasa.
La casa caída, el corral agrandado.
El que se afloja se aflige.
Si se muere el que me debe, todo se pierde.
Una palabra deja caer una casa.
Rey sin consejo, pierde lo suyo y no gana lo ajeno.
El que no cojea, renquea.
Tres ces matan a los viejos: caída, cámaras y casamiento.
Cuando el toro desconoce el tintineo del cencerro de su rebaño se pierde.
Al roble no le dobles.
Jugador hasta perder los kiries de la letanía.
Quien mal cae, mal yace.
Buey suelto, rey muerto.
Cambio de costumes, gran pesadumbre.
El que va a Jacarilla, pierde su silla.
El gusto se rompe en géneros.
Gracias pierde quien promete y se detiene.
Atrás viene quien las endereza.
Madre muerta, casa deshecha.
El ruin muere en su tierra; el hazañoso lejos de ella.
Favorecer, es por norma perder.
Dádivas quebrantan peñas.
Difama, que algo queda.