Tu hablar te hace presente.
En las cosas del corazón, no manda uno, mandan dos.
Quien tiene mujer parlera, o castillo en la frontera, o viña en la carretera, no le puede faltar guerra.
El mundo es de la gente activa
El tiempo es el heraldo de la verdad.
Cortesía y bien hablar, cien puertas nos abrirán.
Fantasía y pobreza, todo en una pieza.
Mientras novia, reina; cuando mujer, sierva.
El que paga y goza, empata y hasta gana.
No te de Dios pleitos, aunque tengas derecho.
La mujer tiene derecho, si se mantiene en su techo.
Oír, ver y callar, para en paz estar.
La diligencia es la madre de la buena forma.
Heredad por heredad, una hija en la vieja edad.
Agua, como buey; y el vino, como rey.
Favor publicado, favor deshonrado.
Hay que dar para recibir.
Riñen las comadres y dícense las verdades.
A cada rey su trono.
Juzga al hombre por sus acciones y no por sus doblones.
Hijos y hogar, son la única verdad.
Bondad y dulzura, más que donaire, hermosura.
Dar consejo es virtud de segundo orden.
Nadie da palos de balde.
Presidente bueno, como abuelo en putrefacción.
Belleza a los sesenta, doila al diablo.
La mujer y la burra, iguales de testarudas.
Buena es la regla, si la regla es buena.
Más honrado es el que la honra merece que aquel que la tiene.
A un burro le hacían alcalde, y no lo agradecía.
A tuerto o a derecho, nuestra casa hasta el techo.
Cuando se mueve el alcalde, no se mueve en balde.
Rey serás si hicieres derecho, indigno de ser rey si hicieres tuerto.
De sabios es variar de opinión.
Alegría y pobreza y no pesares y riqueza.
Yo comienzo por hacer la guerra. Ya se encargarán los políticos de demostrar que era justa.
En todo el mundo entero, llaman señor a quien tiene dinero.
Doblada es la maldad que sucede a la amistad.
La manda del bueno no es de perder.
De señora a señora, empanadas y no ollas.
La honestidad es un vestido de oro
A Dios se le dan las quejas, y al diablo las disparejas.
El cliente siempre tiene la razón.
Casamiento y señorío, ni quieren fuerza ni quieren brío.
Comida hecha, amistad deshecha.
Casa donde manda la mujer, no vale un alfiler. Pero las hay por doquier.
Manda y haz, buen ejemplo darás.
Dámela morena y graciosa, y no blanca y sosa.
El oro luce, y la virtud reluce.
Muchas personas son como los relojes: indican una hora y tocan otra.