El día tiene ojos, la noche tiene oídos.
Bien juega quien mira.
Siempre se le aparece la Virgen a los pastores.
Labrador chuchero, nunca buen apero.
En julio, ¿dónde anda el mozo? Pues va de la acequia al pozo.
Quien acomete vence.
El hombre a tirar el mocho y la mujer al sancocho.
Huyes de la mortaja y te abrazas del difunto.
El que es buen juez por su casa empieza.
Invierno buen tiempo para el herrero, el panadero y el chocolatero.
Quien comprar quiere la yegua o el burro antes la menosprecia.
Llenarle la cuenca a alguien.
Que cada cual espante sus pulgas.
La madrugada del caballero, al darle el sol en el trasero.
Mujer que al andar culea y al mirar los ojos mece yo no digo que lo sea, pero lo parece.
El arco al poniente, desunce los bueyes y vente.
Acarrear leña para apagar un incendio.
Zapatero amigo, las suelas quemadas y el hilo podrido.
En la noche y sobre el muro, todo gato se ve oscuro.
Acabar como el Rosario de la Aurora.
El miedo guarda la viña.
Puro de Cobán, solo comen y se van
Faena que tu bolsillo llena, buena faena.
Ojos que no pueden ver, de vidrio tienen que ser.
La zorra no se anda a grillos.
El que coge el mal por su mano, que vaya al infierno a quejarse.
Cabra manca, a otra daña.
Hasta al mejor cocinero se le va un pelo en la sopa.
En la hacienda o el hogar, mejor atajar que arrear.
El cerdo siempre busca el fango.
La mejor leña está donde no entra el carro.
Real ahorrado, real ganado.
Un amigo vale cien parientes
El que vive de prestado, algún día es encuerado.
La envidia es carcoma de los huesos.
Agrandado como alpargata de pichi.
Hacer más daño, que un buey por un tejado.
Al ratón que no sabe más de un agujero, el gato le pilla presto.
Llamar al toro desde la barrera, eso lo hace cualquiera.
Entre un pastor y una garrota, no pasa la bota.
Capa de pecadores es la noche, señores.
Alcalde que por momentos se dispara, háganle arrimar la vara.
Entrañas y arquetas, a los amigos abiertas.
Anda el hombre a trote por ganar su capote.
El miedo guarda la viña, que no el viñadero.
El que presta su caballo para garrochar, y a su mujer para bailar, nada tiene que reclamar.
Un regalo tan insignificante como una pluma de ganso enviada desde lejos tiene mucho sentido.
Caballo manso, tira a malo; mujer coqueta tira a puta; hombre bueno tira a pendejo.
Las furias de Celestino, no me importan un comino.
En buenas manos está el pandero que lo sabrá bien tañer.