Llora, necio, llora tus perdidas horas.
El toro y el melón, como salen, son.
El que nada duda, nada sabe.
El que arcoiris ve, no se morirá de sed.
Da una sola campanada, pero que sea sonada.
No hay grandes hombres para el ayuda de cámara.
Buenas son las mangas después de las Pascuas.
Hacer de toda hierba un fardo.
Tiempo dormido, no es tiempo perdido.
Por muy pequeña que sea, la mujer siempre le gana al diablo en astucia.
La risa hace buena sangre
El que habla es el que peca.
El hombre no vale por lo que tiene sino por lo que es.
El sol siempre reluce.
Al potro que le alabe otro.
Es muy poco pinole para ahogarse.
El agua para el pollino, para el hombre el vino.
Primavera seca, verano lluvioso y otoño desastroso.
Más fea que una patada en la canilla.
Ir muy lejos es tan malo como no ir lo suficientemente lejos.
Tirar la casa por la ventana.
Dulce y vino, borracho fino.
Entre sastres, no se pagan hechuras.
Una salsa de tomate, le sentaría bien hasta el chocolate.
El que de joven corre, de viejo trota.
Al que Dios no le da hijos, el diablo le da.
Un viejo amigo es una eterna novedad
Para los Santos, nieves en los cantos.
Zapatitos de charol ni para el agua ni para el sol.
Quien muerte ajena desea, la suya se le acerca.
Existe también una felicidad que atemoriza al corazón
Quien más no puede, con su mujer se acuesta.
Octubre, las mejores frutas pudre.
Detrás de la mala suerte viene la buena.
A cada paso, un gazapo.
Para todo mal es necesario un médico: el tiempo
Hombre de dos caras, arredro vaya.
El que presta su caballo para garrochar, y a su mujer para bailar, nada tiene que reclamar.
El mundo da muchas vueltas.
En Mayo, leche y miel hacen al niño doncel.
Amor de puta y vino de frasco, a la noche gustosos y a la mañana dan asco.
El que tiene caridad y un alma pura, de las fallas ajenas no murmura.
Las llamas se elevan más cuando cada uno les echa leña.
La juventud no esta perdida, solo desorientada.
El juez que toma, presto es tomado.
Más vale guerra abierta que paz fingida.
Algo tiene la fea, por donde el galán la desea.
Ni de estopa buena camisa, ni de puta buena amiga.
Yo soy un señor, tú eres un señor, él es un señor, somos todos señores, ¿pero quién almohaza al caballo?
De veinte a sesenta, cornamenta.