Se puede esconder el fuego, pero ¿Qué se hace con el humo?
Cualquier cosa que se planta, se cosecha.
El hombre teme el paso del tiempo y el tiempo teme el paso de las pirámides.
La envidia y la ira solo consiguen acortar la vida.
Tabaco, toros, naipes y vino, llevan al hombre a San Bernardino.
Si no tienes un enemigo dentro, poco podrán hacer los enemigos de fuera.
Ambicioso subido, pronto caído.
No hay tan buen compañero como el dinero.
El que no se fía, no es de fiar.
Quien carece de talento, echa siempre el mismo cuento.
La mano que da está por encima de la mano que recibe
Amigo, te guardaré un higo pero como no te vi, me lo comí.
Una vez terminado el juego el rey y el peón vuelven a la misma caja.
El que se cae hoy puede levantarse mañana.
El que ha de besar al perro en el culo, no ha menester limpiarse.
Si quieres buscar jornaleros, búscalos entre San Juan y San Pedro.
Árbol que no da frutos, pide sustituto.
Los refranes y las tejas son cosas de casas viejas.
Bailar sin son, o es gran fuerza o es gran afición.
Ni el libro cerrado da sabiduría, ni el título por sí solo da maestría.
Beber sudando agua fría, catarro o pulmonía.
Sol puesto, obrero suelto.
El de las piedras hace pan.
Mejor pájaro libre que rey cautivo.
Buena mano, de rocín hace caballo; y la ruin, de caballo hace rocín.
Chatunguilla, desenvuelta y graciosilla.
El trigo en tierra arcillosa y el centeno en arenosa.
La variedad place a la voluntad.
Bebo lo tinto y meo lo claro.
Del mal, el menos.
Grande o chica, pobre o rica, casa mía.
Los ladrones no pueden robar el amor, pero a menudo el amor vence ladrones
Para que la cruz vaya a mi casa, que vaya a la ajena.
El que se emperra se emperra, el que se enchila se enchila, y el que se encula se chinga.
No llenarás bien la panza, si antes no haces matanza.
Los grandes pensamientos nacen del corazón, los grandes sentimientos vienen del cerebro
La razón es de quien la tiene.
La mujer buena, inapreciable prenda.
Aunque ande sin cincha, también relincha.
Da vino por vino y pan por pan, y todos te entenderán.
En cielo despejado puede desatarse de repente una tempestad.
Algunas de las bayas más dulces crecen entre las espinas más puntiagudas, pero son bayas que merece la pena coger.
Para roer, la cabra, y para el colchón, la lana.
Niebla en alto, lluvias en bajo.
Si con el pensamiento se caminara, ¡cuantas horas el día contigo estara!
los hombres son de oro y las mujeres de tela.
Un corazón amante y bello nunca es viejo.
La razón y el agua hasta donde dan.
Del aire se mantienen los camaleones, pero no los hombres.
Con el tiempo y una caña, a pescar.