Caridad y amor no quieren tambor.
Al perro, échale un hueso, y se amansará con eso.
El hombre se tuerce; pero no se rompe.
Leña verde y gentejoven, todo es humo.
Cuando la adversidad llama a tu puerta, todos los amigos están dormidos.
Donde las dejan, las cobran.
La alegría todo mal espanta
El que mucho habla, mucho yerra; el que es sabio refrena su lengua.
Cuando anda la lengua, paran las manos.
Ayatola no me toques la pirola.
Los oídos no sirven de nada a un cerebro ciego.
Más perdido que perro en misa.
Hombre que el bien no agradece solo el desprecio merece.
A los cuarenta de edad, fácil viene la enfermedad.
Quien en vida echa maldiciones, en la muerte no reza oraciones.
El agua fluye, las piedras se mantienen.
Si sale con barbas, San Antón y si no, la Purísima Concepción.
El aprender es amargura; el fruto es dulzura.
En el amor y en las luxaciones las recaídas son frecuentes
Cerca le anda, el humo tras la llama.
Niebla en verano, norte en la mano.
El vino en jarro cura el catarro.
Con dote de mujer pocos llegaron a enriquecer, y muchos a envilecer.
Manos calientes y corazón frío, amor perdido.
Quien tiene miedo tiene desgracia.
Para el mal que hoy mata, no es remedio el de mañana.
Palabra dada, palabra sagrada.
El que mal se maneja, despacio padece.
Peces grandes no viven en charcos pequeños.
El que en Abril riega, en Mayo siega.
A otro perro con ese hueso.
Calumnia, que algo queda.
Cada maestrillo, tiene su librillo.
Temporal de noche, mucho ruido y pocas nueces
Hoy domingo y mañana fiesta, buena vida es esta.
Más vale tuerta que muerta.
Quien hace los mandados que coma los bocados.
Caras vemos, corazones no sabemos.
Enero mes torrendero.
Boca seca hace bolsa llena.
A menudo una pequeña chispa logra encender un gran fuego.
Formó una tormenta en un vaso de agua.
Por males de nervios nunca se tocó a muerto.
Albacete, caga y vete.
Las paredes tienen oidos.
Quién mucho come, mucho bebe; y quién mucho bebe, mucho duerme, poco lee, poco sabe y poco vale.
Ni en invierno ni en verano, dejes la manta en casa del amo.
Llegar al humo de las velas.
Bien cantas, pero mal entonas.
Quien en una piedra dos veces tropieza, justo es que se rompa la cabeza.