Daría yo un ojo, porque a mi enemigo sacasen uno.
En boca con mella, si entra una mosca, allá ella.
Mal haya la espina que de suyo no aguija.
A la cama no te irás sin saber algo más.
Ni es carne, ni es pecado.
Da voces al lobo, respóndete el eco.
A barba muerta, obligación cubierta.
Existe también una felicidad que atemoriza al corazón
Hoy debiendo, mañana pagando, vamos trampeando.
Antes el trabajo era una maldición, hoy una obsesión.
Bien sabe lo que dice el que pan pide.
Buen oficio es no tener ninguno.
Las novedades son la sal de la vida.
Ningún rencor es bueno.
A la mujer y al papel por detrás has de ver.
En la duda, ten la lengua muda.
Cada año trae su daño, y cada día su acedía.
Puede llamarse hombre honrado, quien es y lo ha demostrado.
Quien se vuelve dulce miel, las moscas dan cuenta de él.
El vicio envilece y la virtud ennoblece.
Hombría y machismo, no son lo mismo.
Contra lo malo aprendido, el remedio es el olvido.
Comprar y luego pagar, provecho y honra ganarás.
Zapatero remendón, en el hombre lleva el don.
Quien habla por refranes es un saco de verdades.
Loca es la oveja que al lobo se confiesa.
Antes de hablar, si tienes ira, reza un avemaría.
La malicia hace sucias las cosas limpias.
La carne sobre el hueso relumbra como un espejo.
Hombre de pelo en pecho, hombre de dicho y hecho.
Si bien hicieres, sea mientras vivieres.
Me importa un bledo.
Las acciones revelan las pasiones
El dinero hace al hombre entero.
Tu secreto en tu seno, y no en el ajeno.
Todos nacemos con igual condición, solo por la virtud nos diferenciamos.
Si cada uno barriera delante de su puerta, ¡qué limpia estaría la ciudad!
A consejo ido, consejo venido.
Lo bien aprendido, nunca es perdido.
Cuando la limosna es grande, hasta el santo desconfía.
Dime y olvidaré, muéstrame y podría recordar, involúcrame y entenderé.
Cuando el bien te sale al encuentro, mételo dentro.
El corazón tiene sus razones, que la razón desconoce.
A más edad, más conocemos del mundo la falsedad
Amar a todos, temer a Dios tan solo.
El dinero requiere tres cosas: saberlo ganar, saberlo gastar y saberlo despreciar.
Harto sabe quien sabe que no sabe.
La envidia sigue a los vivos, y a los muertos el olvido.
De juergas, pendencias y amores, todos somos autores.
Quien espera salud en muerte ajena, su propia vida condena.