Consejo es de sabios perdonar injurias y olvidar agravios.
Amor no quita conocimiento.
Riñen las comadres y dícense las verdades.
No hay asqueroso que no sea escrupuloso.
Ya que uno dé campanada, que suene y que sea sonada.
Escoba que no se gasta, casa que no se limpia.
Buenas acciones valen más que buenas razones.
Boca de verdades, cien enemistades.
Del ahorro viene la posesión.
Una cosa es ser sincero, y otra cosa ser grosero.
Dios le da pañuelo a quien no sabe limpiarse.
Callar y callemos, que los dos porque callar tenemos.
La primera impresión es la que cuenta.
La ignorancia es peor que la corrupción.
El silencio hiere más, que la palabra procaz.
El que se escusa, se acusa.
Una cosa es la que piensa el amo y otra la que piensa el caballo.
Trata a la Tierra y a todo lo que hay en ella con respeto.
La madurez solo se vive una vez.
Vigila tus pensamientos pues se convertirán en palabras.
El que da, no debe volver a acordarse, pero el que recibe, nunca debe olvidar.
A presurosa demanda, espaciosa respuesta.
Todo hombre que quiera mentir, gran memoria debe tener.
Abundancia y soberbia andan en pareja.
Palabras claras, no necesitan explicaciones.
Mucho ojo, que la vista erro.
Cada uno reniega de su oficio, pero no de su vicio.
Quien hiera la campana se expone a oír el sonido.
El hambre tira, y el orgullo me levanta.
Fingir locura, es a veces cordura.
Escritura es buena memoria.
Ignorar para preguntar y preguntar para saber, eso es aprender.
Hablar de virtud es poco; practicarla es el todo.
La ciencia siempre es decente, y la ignorancia insolente.
No dejar títere con cabeza.
No hay mayor dificultad que la poca voluntad.
Pesar ajeno, no quita el sueño.
Los hijos cierran los oídos a los consejos y abren los ojos a los ejemplos. Fernando Monzón.
Hay que ver para creer.
El hombre no ha de ser de dichos, sino de hechos.
Boca que mucho se abre, o por sueño o por hambre.
Boca sucia no habla limpio.
Dame venta y te daré cuenta.
Trabajar es virtud; pero trabaja tú.
Mujer precavida vale por dos.
A ninguno le da pena, comer cosita buena.
Casar y descasar, muy despacio se ha de pensar.
No hay peor saber que no querer.
Antes de casarte abre bien los ojos, después cierra uno.
Incluso el hombre más sabio tiene defectos. Ignorante es aquél que no los reconoce.