Bebe y come con tu amigo, pero no trates con él de negocios.
Vendimia en mojado y cogerás el mosto aguado.
Arte para lograr es el dulce hablar.
Aunque digas y no hagas, haz y no digas.
Jamón empezado, pronto mediado.
Alabaos, coles, que hay nabos en la olla.
Abrojos, abren ojos.
Juego y bebida, casa perdida.
¡Una sopa de tu propio chocolate!.
La anguila empanada y la lamprea escabechada.
Tanto ganado, tanto gastado.
Para prosperar, madrugar.
Vive y deja vivir.
Cuervos vienen, carne huelen.
Jugar vive pared en medio del hurtar.
Al mal cocinero le estorban hasta las cucharas.
Capón de ocho meses, para mesa de reyes.
No solo de pan vive el hombre.
Quien con mujer rica se casa, come y calla.
Cuando no hay pan ni harina, todo ase vuelven mojinas.
Pan con sudor, sabe mejor.
Finca enconada, o meterle el arado o dejarla.
Duélete carnero, que hay fiesta en el pueblo.
En casa llena sienta bien la torta ajena.
Cuando a Roma fueres, haz como vieres.
El solo olor de un buen frito, no nos sacia el apetito.
A la mejor cocinera, se le ahuma la olla.
De hurtar una castaña y otra castaña, se hace la mala maña.
A lo hecho, pecho.
Cinco: por el culo te la hinco.
Trece morcillas tiene un cerdo, ni te las doy ni te las cuento.
A la mesa y a la cama, solo se llama una vez.
Cuando pienses meter el diente en seguro, toparás en duro.
Fraile cucarro, deja la misa y vase al jarro.
Los perezosos se pasan la vida rascando la tripa a las cigalas.
Si ella te mima más de lo que debe, te está engañando o engañarte quiere.
Celemin por celemin, échale trigo al rocín.
Sirva de algo mientras se muere.
Con lo que Sancho sana, Domingo adolece.
Con cacao se paga el cacao, con dinero el dinero y con maíz el maíz.
Avellana vana, rompe los dientes y no quita la gana.
Leña de romero y pan de panadera, la bordonería entera.
Aprovechar bien la lumbre, es buena costumbre.
Mear sin peer, rara vez.
De paja o de heno, mi vientre lleno.
Hacienda en dos aldeas, pan en dos talegas.
Quien te toca y se chupa los dedos, si te mueres, te comerá
Vivir prevenidos, es de buen sentido.
Una cosa piensa el borracho, y otra el cantinero.
El que quiera la fruta tendrá que trepar al árbol.