Aguadores y taberneros, del agua hacen dineros.
Tapar la nariz, y comer la perdiz.
El que da porque le den, engañado debe ser.
Zapato de ramplón de larga duración Zapato de tres, del primero que llegue es.
El que a pueblo ajeno va a pretender, o va a dar perro, o a que se lo den.
Después del conejo ido, pedradas al matorral.
La zagala y el garzón, para en uno son.
Entre hoz y vencejo muere la mujer y huye el mancebo.
A quien se hace oveja, el lobo se lo come.
El buey busca la sombra; porque la sombra no lo busca a él.
Huyendo del hoyo caí en el arroyo.
Un zorzal grano a grano se comió un parrón.
Tan bueno es mi gato que no caza ratones.
El que más chifle, capador.
El zapatero, juzgue de su oficio y deje el ajeno.
Mal apaña quien no engaña.
A la chita callando, hay quien se va aprovechando.
A cada paso, un gazapo.
El que cosas busca, por fuerza ha de hallar alguna.
Hacerse de la vista gorda.
Ida la del cuervo, que se fue y no ha vuelto.
De casa alacrán, sal fuera y que pique donde quiera.
Le dijo el grajo al cuervo: quítate allá, que tiznas.
Con el tiempo y una caña, a pescar.
La ambición mató al ratón.
Sigue la senda, aunque dé rodeos; sigue al jefe, aunque sea viejo.
Búho que come, o muere.
El que coge la zorra y la desuella, ha de saber más que ella.
Conejos y liebres vendo, porque los prendo.
Buscaba el necio su asno y lo llevaba debajo.
Todo bicho que camina, va a parar al asador.
Quien con lobos anda a aullar se enseña.
¿A un perdido, quién lo pierde?.
Casado que vuelve a casa manivacío, ese es baldío; casado que vuelve a casa manilleno es bueno.
Galgo que va tras dos liebres, sin ninguna vuelve.
Hombre refranero, maricón o pilonero.
Hombre que anda con lobos, aprende a aullar.
La liebre que has de matar, cuesta abajo la has de echar.
Cómplice y asesino van por igual camino.
Bien sabe el picar, por el gusto de arrascar.
Juez de aldea quien quiera serlo, sea.
Jugar vive pared en medio del hurtar.
Meterse en la boca del lobo.
Alas tenga para volar, que cebo no me ha de faltar.
El indio no mata, lo que mata es la flecha.
Adonde halló un panal, vuelve el oso a husmear.
Ya están las migas en la poyata, y el que se descuide no las cata.
Ni al jugador que jugar, ni al gastador que gastar, ni al avaro que guardar.
Ayunar, o comer truchas.
El que quiera engañar a un campesino, tendrá que llevar a otro campesino en su compañía.