Ni para Dios, ni para el diablo.
A quien le duele la buba, ese la estruja.
El que come y deja, dos veces pone la mesa.
El muerto al hoyo y el vivo al bollo.
Los tres enemigos del hombre: suegra, cuñada y mujer.
Buey lerdo, bebe agua turbia.
La costumbre de jurar y jugar, mala es de dejar.
A veces el amor perfecto llega con el primer nieto.
Al potro y al niño, con cariño.
Amores, dolores y dineros, no pueden estar secretos.
El vino, comido mejor que bebido.
Dilatar la cura y pedir para la untura.
La ausencia y la muerte mucho se parecen.
El vivo se embriaga; y el pendejo paga.
Ni calabaza sin tapón, ni mujer sin quita y pon.
Vino mezclado, vino endiablado.
A la burla dejarla, cuando más agrada.
Puta arrepentida, del Carmen vestida.
A la iglesia no voy porque estoy cojo, y a la taberna, poquito a poco.
Honra sin provecho la digo pecho.
El dinero y el amor son dos cosas que no se pueden ocultar.
Rodilla de lana a su dueño engaña.
Acójome a Dios que vale más que vos.
Tal para cual, para tal culo, tal pañal.
Pídele a Dios que muera si quieres que dure mucho.
Coge brillo cadenita, que tu mojo llega.
Jugar la vida al tablero.
No hay guerra más hiriente que entre hermanos y parientes.
Boca de verdades, cien enemistades.
Muchas palabras verdades se dicen en broma.
Yo como tu y tu como yo, el diablo nos junto.
Pasar amargura por ganar hermosura.
Alabanzas y regalos, malos tratos.
Mas vale buena muerte que mala vida.
Me gustaría hacer todo lo que hizo el muerto, menos morirme.
Santa Rita, Rita, lo que se da no se quita.
Un muerto abre los ojos al vivo.
Ni puta sin amigo, ni huerta sin cabrahigo.
Ocasión desaprovechada, necedad probada.
Ocurre en las mejores familias.
La belleza entra por la boca.
Clérigos y cuervos, huélganse con los muertos.
De algo murió mi abuela.
Hijo de pobre y ternero de rico, no mueren.
A un burro le hacían obispo y lloraba.
Agua tibia, media vida.
Caza, guerra y amores, por un placer mil dolores.
El que al amigo desea gran prosperidad, desea se deshaga la amistad.
A año tuerto, labrar un huerto.
Tienen el mismo principio, pero no igual, el sueño y la muerte.