Donde comen dos comen tres.
El amigo, lo escojo yo, el pariente, no.
Con dinero baila el perro.
Junto al buey viejo aprende a arar el nuevo.
En la duda, ten la lengua muda.
Esa muchacha caraja, no presta el hacha ni raja.
Hablar en plata blanca.
A quien das de yantar, no te duela dar de almorzar.
No le pido pan al hambre, ni chocolate a la muerte.
Sin harina no se camina.
Reniego de plática que acaban en daca.
Echa bien tus cuentas, para que después no te arrepientas.
Te quiere bien quien te pone casa en Jaén.
En la hacienda o el hogar, mejor atajar que arrear.
El hombre lo pide, y la mujer decide.
Hoy que puedo lo haré; que mañana, no sé si podré.
Dios da nueces a quien no sabe cascarlas.
Abril, uno bueno entre mil.
El que presta no mejora.
Dar tiro.
Todo lo que sube tiene que bajar.
Un mendigo se compadece de otro que está parado enfrente de una puerta
Albricias, madre, que pregonan a mi padre.
Dando gracias por agravios, negocian los hombres sabios.
Agua, agua, que se quema la fragua.
La amiga y la espada antes dada que prestada.
Variante: Caridad y amor no quieren tambor; en silencio viven mejor.
Atender y entender para aprender.
Para olvidar un querer, tres meses de no ver.
Si quieres un buen consejo, escucha a los viejos.
Muy bueno no puede ser quien indulgente no es.
Da voces al lobo, respóndete el eco.
Quién quiere, podrá otro día si hoy no puede.
A la hija casada sálennos yernos.
Dime con quién andas y si está buena me la mandas.
Que quieres que de el encino sino bellotas.
De buenos y de mejores a mi hija vengan demandadores.
Entre padres y hermanos no metas tus manos.
Alta y esbelta me haga Dios, que rubia y morena ya me haré yo.
Comprar y luego pagar, provecho y honra ganarás.
Donde hay caridad, hay paz.
El que se viere solo y desfavorecido, aconséjese con los refranes antiguos.
Carne en calceta, para quien la meta.
No duerma tranquilo quien debe; que no hay plazo que no llegue.
No se cazan dos pájaros al mismo tiempo.
Hasta la salud necesita descanso.
Eso es como pedirle peras al olmo.
Buena madera, buen oficial espera.
La mejor forma de salvar la vida es corriendo.
El guayabo más le asienta, a aquel que paga la cuenta.