Hay quien a los veinte años es viejo y a los cuarenta pellejo.
La carne sobre el hueso relumbra como un espejo.
Belleza sin bondad es como un vino picado
En gustos y colores, no discuten los doctores.
Buena pata y buena oreja, señal de buena bestia.
Buena estatura es media hermosura.
Rubias o morenas, cuando pierden el tinte, dan pena.
Donde hay carne, hay hermosura.
Mujer que no tiene encanto, se queda para vestir santos.
Ron, ron; tras la capa te andan.
La mujer que no hace nada, es bien mirada.
Estas como mango, amarilla y bien chupada.
Irase lo apetecido, y quedará lo aborrecido.
¡No nos mires, unete! (Transición española).
Lo bien hecho bien parece.
Gente de trato llano, esa es de mi agrado.
Don Din nunca parece ruin.
Hazme la barba, hacerte el copete.
Ojo al parche.
El porrazo da más ira, cuando la gente nos mira.
Fiar de Dios el alma, más no la capa.
Mucho hijo puta con cara de conejo.
A hombre de dos caras, rayo que lo parta.
Pájaros del mismo pelo juntos emprenden el vuelo.
La salud no se aprecia hasta que llega la enfermedad.
La bonita hace dinero, con solo mostrar el cuero.
El mirón mirar, pero sin chistar.
Que mi capa sea larga o corta, ¿qué te importa?.
Tan bonita la dentadura y tan mala la pronunciación.
Los buenos modos agradan a todos.
Ni tan calvo ni con siete pelucas.
Hay que estar afuera, para ver lo de adentro.
A la vejez, cuernos de pez.
El pelo se pierde, la calvicie nunca.
El que no ha visto que vea y el que ya vio que compare.
la ropa son alas.
No hay joven fea, ni vieja hermosa.
Hijos de alimañas, salen con sus mañas.
Una boca y dos orejas, tenemos; para que oigamos más que hablemos.
Mondariz será Mondáriz, cuando la nariz sea náriz.
La verdad adorna la boca de quien la dice.
Habla cuando te hablen; acude cuando te llamen.
Ligero como el ave de San Lucas.
No es oro todo lo que reluce.
Una persona que se cambia de ropa siempre se oculta mientras se está cambiando.
Es más vivo y es más pronto, quien a veces se hace el tonto.
Antes de criticar, mírate la cola.
Más liso que nalga bebé.
Aquel que ha contemplado la belleza se vuelve bello para siempre.
Está más pelao que las rodillas de un cabro.