Ve con tu amigo hasta las puertas del infierno. Pero no entres
A buen juez, mejor pastor.
Quien se quemare, que sople.
Ni bonita que admire, ni fea que espante.
Salud para mí, trabajo para mi marido.
Bien urde quien bien trama.
Mal está el ama, cuando el barbero llama.
Una mano por el cielo, y otra por el suelo.
Manda, manda, Pedro y anda.
Nada abriga mejor que el calor de una sonrisa.
El que buen salto da, a sus pies se atiene.
Escarmentar en cabeza ajena, doctrina buena.
A gente villana, pocas palabras y ésas, claras.
Vive de tal suerte, que ni te encante la vida ni te espante la muerte.
A agentes y consintientes, la misma pena se debe.
El amor de los gatos, a voces y por los tejados.
Mudarse por mejorarse.
El diablo nunca duerme.
Hombre ocioso, hombre peligroso.
A lo que no puede ser paciencia.
Enviar desde la lejanía a mil li plumas de ganso, por liviano que sea el regalo, encierra afecto profundo.
Abad de aldea, mucho canta y poco medra.
Puerta de villa, puerta de vida.
A su amigo, el gato le deja siempre señalado.
Una espina en el ojo.
El demonio y las mujeres siempre se entretienen.
De morir hay mil modos; de nacer uno solo.
A pan ajeno, navaja propia.
Aquí hay gato encerrado.
Desee bien, sea bueno.
El tiempo pasa en un abrir y cerrar de ojos.
Mi secreto, en mi pecho.
Dando al diablo el hato y el garabato.
Casa ordenada, casa salvada.
El bien que hicimos en la víspera es el que nos trae la felicidad por la mañana...
Indio que mucho te ofrece, indio que nada merece.
Al agradecido, más de lo pedido.
La muerte y el amor, enamorados son.
Muerto está el ausente, y vivo el presente.
A palabras necias, bofetones.
Un gran hombre comparte lo que tiene con los demás.
Hacer de su capa un sayo.
Cura y médico de aldea, por ellos vengan lo que desean.
Mal ajeno, a nadie le importa un bledo.
Al amigo que no es cierto, con guiño de tuerto.
Boca con duelo, no dice bueno.
Si quieres de tu amigo probar su voluntad, finge necesidad.
A muy porfiado pedir, no hay que resistir.
El bien que se venga a pesar de Menga, y si se viene el mal, sea para la manceba del abad.
Perro pendejo, no va a la gloria.