A fuerza de varón, espada de gorrión.
El vino, de la verdad es amigo.
Intelecto apretado discurre que rabia.
Un protector es como un manto.
El hábito es al principio ligero como una tela de araña, pero bien pronto se convierte en un sólido cable.
Vigila tus pensamientos pues se convertirán en palabras.
Cada grumo tiene su humo.
No falte cebo al palomar, que las palomas ellas se vendrán.
Cada agujetero alaba sus agujetas.
Lentejas, comida de viejas.
A diente cogen la liebre.
Hoy robas un huevo, mañana robas un buey.
Hay confianzas que dan asco.
Entre Pinto y Valdemoro. (Frase utilizada en España para a alguien que duda).
Limando se consigue de una piedra una aguja
La lengua de las mujeres es su espada, y, por cierto, nunca la dejan enmohecerse.
El heroísmo consiste en aguantar un minuto más.
Una de cal y otra de arena, hacen la mezcla buena.
Poda para los Santos aunque sea con un canto.
Un hombre sabio se recuerda de sus amigos siempre; un tonto, solamente cuando él necesita.
Al son que me hicieres, a ese bailaré.
La hacienda bien ganada con afán se guarda.
Despacio al pensar y pronto al ejecutar.
Solo el hombre prudente puede emplear bien sus ocios.
Dios nos ha creado hermanos pero nos ha dado monederos separados.
Quien salva al lobo, mata al rebaño.
Consejos en amores nunca recibas, y menos cuando vienen de las amigas.
Dios hizo todas las cosas con peso, sabiduría y mesura.
El pan, por el color; y el vino, por el sabor.
Aguas tempranas, buena otoñada.
De aquella me deje Dios comer, que en Mayo deja los pollos y comienza a poner.
La que al andar las ancas menea, bien se del pie que cojea.
Fortuna y aceituna, a veces mucha y a veces ninguna.
La sierra, con nieve es buena.
En boca con mella, si entra una mosca, allá ella.
Saber demasiado es envejecer prematuramente.
Como canta el abad responde el monaguillo.
Fue por lana el avispado, pero volvió trasquilado.
Viejo soy y viejo serás: cual me veo, así té veras.
Pierde enseguida el que desespera por ganar
Lo que en la mocedad no se aprende, en la vejez mal se entiende.
«Si en una noche negra una hormiga negra sube por una negra pared, Dios la está viendo».
Al hombre de más saber, una sola mujer lo echa a perder.
El que fue monaguillo y después abad, sabe lo que hacen los mozos tras el altar.
Fruta de locos, míranla muchos y gózanla pocos.
Tan bien parece el ladrón ahorcado, como en el altar el santo.
Al aprendiz sin pelo, jodelo.
La noticia mala llega volando, la buena, cojeando.
Muchachada que quiere ser casada, difícil es ser gardada.
Más vale lidiar con la ruin bestia que llevarla a cuestas.