Incluso las torres más altas empiezan en el suelo.
Duro de cocer, duro de comer.
Quien invierte en cosa vana, pronto acaba con la lana.
Más son los amenazados que los acuchillados.
Ojos que bien se quieren, desde lejos se saludan.
No basta parecerlo, hay que serlo.
Siempre que ha llovido ha escampado.
Raras veces hay seso en la prosperidad.
Ventana abierta, pajaro que vuela.
Hasta lo que es más perfecto, también tiene su defecto.
Si al anochecer relampaguea, buen día campea.
Con uno solo de sus cabellos una mujer puede arrastrar un elefante.
Se encontró con la horma de su zapato.
Al buen, regalo; al malo, palo.
De lo que ganes, nunca te ufanes; y de lo que pierdes, ni lo recuerdes.
El hijo sabe que conoce a su padre.
Por Santa Marina ve a ver tu viña, cual la hallares, tal la vendimia.
El secreto de tu vecino,te lo dirá un porrón de vino
A quien lucha y suda la suerte le ayuda.
Maldita seas, ave; la pluma, más no la carne.
Pensar no es saber, y más en tiempo de vendimias.
Bien hayan mis bienes, si remedian mis males.
Cuando la liaga florece, el hambre crece.
En el modo de partir el pan se conoce al que es tragón.
Mal agüero, antes las berzas que el granero.
El monte tiene ojo.
Del reir viene el gemir.
Hoy arreboles, mañana soles.
Más vale una cuchara de suerte que una olla de sabiduría.
El que tenga perro que lo ate, y si no que lo mate.
El no hacer falta y el estorbar, juntos suelen andar.
Aborrece y serás aborrecido; quiere con amor de verdad y serás correspondido.
Nunca un peligro sin otro se vence.
La ocasión de pecar se debe siempre apartar y quitar.
Beber aquí, beber allí, a la noche borrachín.
Si das una gota recibirás a cambio una fuente.
Solo se puede sacar de una bolsa lo que ya está en ella.
Los males entran por arrobas y salen por adarmes.
Para aprender, nunca es tarde.
Lo de menos es comerse la vela, lo malo es cagar el pabilo.
Administradorcillos, comer en plata y morir en grillos.
En boca con mella, si entra una mosca, allá ella.
El que vale, vale, y el que no a la Marina.
Pan, pan; muchos lo toman y pocos lo dan.
A golpe de mar, pecho sereno.
Con ese cuello la jirafa, y un poquitito de maña, de los retoños más dulces, bien que se apaña.
La voz del asno no pasa del tejado.
Hacer la de Lucas Gómez; tu te la traes, tu te la comes.
Cuando la borrica quiere correr, ni el borrico la puede detener.
Quien agua ha tragado, ya no muere ahogado.