Quien al mal árbol se arrima, mal palo le cae encima.
Sabemos del otoño cuando la hoja llega al moño.
Cierre la boca que se le entra una mosca.
Vale más ser envidiada que envidiosa.
Lo que de noche se hace a la mañana aparece.
A la vejez y a la juventud, espera el ataúd.
Al herrero con barbas y a las letras con babas.
A quien de bailar tiene gana, poco son le basta.
Pon y te llamaran gallina.
Siembra melones y recogerás melones; siembra habas y recogerás habas.
Zorras y alcahuetas, todas son tretas.
Buena crianza no pierde punto.
El corazón del avaro se parece al fondo del mar, ya pueden llover riquezas, no se llenará.
Ofrecer y no dar, es deber y no pagar.
Al lavar de los cestos haremos la cuenta.
Todo en la vida tiene su medida.
Esta vale en oro lo que pesa.
La escalera ha de barrerse empezando por arriba.
Entre puntada y puntada, una miradita a cuantos pasan.
Barba hundida, hermosura cumplida.
Fraile convidado echa el paso largo.
Apuntar alto en tu carrera, pero permanece humilde en tu corazón.
No dejar títere con cabeza.
Gozo que no se comunica, se achica.
De bajada todos los santos ayudan
Con pan, hasta las sopas.
Que a la corta, que a la larga, todo se paga.
Manda y haz, buen ejemplo darás.
Para ir al cielo primero hay que morir.
Si el hombre se lanza a buscar el éxito en la ejecución de un momento, lo anula.
Entre amigos no hay cumplidos.
Juicios tengas, y los ganes.
Burla pesada, en veras acaba.
A la hija, tápala la rendija.
¿Quieres comer a costa de otros?. Hazte el tonto.
Quien poda en Mayo y alza en Agosto, ni coge pan ni mosto.
A un asno, bastale una albarda.
Comer de su propio cocinado.
Dios aflige a los que bien quiere.
No eches toda la carne al asador.
la ropa son alas.
Cuando el andaluz canta, una pena tiene en la garganta.
A la virtud, menester hace espaldas.
Da buena cava a tu viña, y tendrás buena vendimia.
El asno y la mujer, a palos se han de vencer.
La caca, callarla, limpiarla o taparla.
Quien hizo una, hará ciento.
Cerco de luna, agua segura.
Fortuna y aceituna, a veces mucha y a veces ninguna.
El día que hayais envenenado el último río, abatido el último árbol, y asesinado el último animal, os dareis cuenta que el dinero no se puede comer.