Rosquilla de monja, fanega de trigo.
En gran río, gran pez, más ahógase alguna vez.
Nunca te dejes vencer, por lágrimas de mujer.
Al miedo plata; y al amor cariño.
A la mujer y a la burra, cada día una zurra.
Casadme, padres, casadme, que el cuerpo me arde.
Alábate, Juan, que si no te alabas no te alabarán.
Burgáles, mala res.
Con azúcar o miel, todo sale bien.
Ojo al Cristo que es de plata.
Beber por lo ancho y dar de beber por lo estrecho.
Yemas de Abril, pocas al barril.
Lágrimas y suspiros, mucho desenconan el corazón dolorido.
Dama tocada, dama jugada.
Al que no quiera taza, taza y media.
Al pan, pan. Al vino, vino.
Hija, ni mala seas, ni hagas las semejas.
Al dar las doce, queso añejo y vino que rebose.
Una mano lava la otra, y ambas lavan la cara.
Andaluz con dinero y gallego con mando, y estoy temblando.
El tiempo aclara las cosas.
Aceite de oliva, todo el mal quita.
Bendita la casa aquella que huele a antiguo toda ella.
Una hierba es una planta cuyas virtudes esperan para ser descubiertas.
Toro y gallo, y trucha y barbo, todo en Mayo.
Días que pasan de enero, ajos que pierde el ajero.
Quien busca mucho, al fin topa, aunque sea una muda de ropa.
Líbreme Dios de moza adivina y de mujer latina.
Paloma que vuela . . . a la cazuela.
Cabra por viña, cual la madre tan hija.
Guarda bien: pero no tanto que no halles lo guardado.
Cada villa, su maravilla.
Tapar el pozo después de que el ternero se haya ahogado
A árbol caído, todo son piedras.
Olla con gallina, la mejor medicina.
Moza de Burgos, tetas y culo.
Zanahoria y nabo, buenos casados.
Viuda que no se consuela, será por pobre o por fea.
Abril, lluvias mil. Y si nos sale cabrón, lluvias a mogollón.
Después de muerto Juan, saca el orinal.
Mandar quiero, aunque sea en un gallinero.
Todo depende del color del cristal con que se mire.
Hay de todo en la viña del Señor.
La sal no dice de sí misma que es salada.
A las mujeres y a los charcos no hay que andarles con rodeos.
Erga Arga y Aragón, hacen al Ebro varón.
El buen vino añejo hace al hombre niño y remoza al viejo.
Las mujeres son como las veletas: solo se quedan quietas cuando se oxidan.
Aramos, dijo la mosca al buey.
La pasión y el odio son hijos de bebidas que embiagan.