Quien mocos envía, babas espera.
Abogadito nuevo, perdido el pleito.
Ahora adulador, mañana traidor.
A la mujer y a la mula, vara dura.
En casa del herrero, nunca falta un palo.
Un protector es como un manto.
Hoy es discípulo de ayer y maestro de mañana.
En la casa del cura siempre hay hartura.
Los frailes en jubón, hombres son.
Bien o mal, casado nos han.
El hombre ladino, estando entre extraños no bebe vino.
Un hombre no vaga lejos de donde se está asando su maíz.
El que no llora no mama.
Al comer, al tajadero, al cargar, al cabestrero.
El perro, mi amigo; la mujer mi enemigo; el hijo, mi señor.
Pan y vino, un año tuyo, y otro, de tu vecino.
Febrerillo el loco, que sacó a su padre al sol, y lo aporreó.
Hablar hasta por los codos.
Agua de sierra, y sombra de piedra.
El vino con el amigo.
Capón de ocho meses, para mesa de reyes.
El que tiene buenos padrinos, no se cae dentro de la pila.
Casa empeñada, pobre y desamparada.
El muerto al pozo y la viuda al gozo.
Entre amigos honrados, cumplimentos dispensados.
El amor devuelve a los viejos sabios a la infancia
Al hombre aguado, mirarle de lado.
Al que da y quita le sale una jorobita.
Uno esquila ovejas, otro, cerdos
Palabra de cortesano, humo vano.
Al amigo que no es cierto, con guiño de tuerto.
Quien vive de recuerdos, vive entre muertos.
El que da lo que tiene a pedir se atiene.
Hable el sabio y escuche el discreto.
Al comer retoños de bambú, recuerda al hombre que los plantó.
Aviniente y crudo, que así lo quiere el cornudo.
Cada cosa a su tiempo, y los nabos en adviento.
Tarde piaste pajarito.
Entre casados, valor, que ya aguantarse es amor.
Al acebuche no hay quien le luche.
Oye primero y habla postrero.
Al que a buen árbol se arrima, buena sombra le cae encima.
A quien mucho tiene, más le viene.
Si quieres ver a tu marido gordito, después de la sopa dale un traguito.
Cuando el abad está contento, lo está todo el convento.
Nobleza, obliga; y agradecimiento liga.
Ahorrar y más ahorra, que contigo vive quien lo ha de gastar.
La primera mujer, escoba, y la segunda, señora.
Lo heredado y lo ganado al juego, se tiene en poco aprecio.
Quien se ausenta, es un muerto en exequias.