Hijos crecidos, trabajos llovidos. Hijos casados, trabajos doblados.
Lo que no está firmado, no está amarrado.
Que cada sacristán doble por su difunto.
El clérigo y el fraile al que han de menester, llamadlo compadre.
Quien guarda su puridad, excusa mucho mal.
El bobo José Mamerto, tras de jetón, boquiabierto.
Entre hermanos que nadie meta la mano.
A quien vela, todo se le revela.
El que se escusa, se acusa.
Anillo en dedo, u obispo o majadero.
Amores, dolores y dineros, no pueden estar secretos.
Digan lo que digan los pelos del culo abrigan.
Cumplidos entre soldados son excusados.
Amor y fortuna, no tienen defensa alguna.
Suegras, nueras y cuñadas, son asas de caldera mal arregladas.
Las grandes penas no se quejan.
No te metas en pleito de marido y mujer, porque se arropan con la misma sabana.
Amistad de hombres leales, solo perdura entre iguales.
De sabios es cambiar de parecer.
El que de mozo no corre su caballo, lo corre de casado.
Los amantes que se pelean, se adoran
Quien quisiere mentir, atestigüe con muertos.
Los señores hablan de cosas, los criados de personas.
Dios da bragas a quien no tiene culo.
También los secretarios echan borrones.
Quien lejos va a casar o va engañado, o va a engañar.
Aclaración no pedida, acusación manifiesta.
En la hacienda o el hogar, mejor atajar que arrear.
El guayabo más le asienta, a aquel que paga la cuenta.
Buen amigo ni buen yerno se hallan presto.
Confesor que visitas hijas, desde aquí te marco por padre de familias.
Más son los amenazados que los acuchillados.
Entre casados y hermanos no hay que meter las manos.
Quieren ganar indulgencias con escapulario ajeno.
Quien da el consejo, da el tostón.
Consejo de quien bien te quiere, escribelo aunque no lo apruebes.
Juicio precipitado, casi siempre errado.
Quien hace lo que puede no está obligado a más.
A quien se casa con viuda, ya no le queda la duda.
El que vive de favores, sirve a muchos señores.
A nuevos hechos, nuevos consejos.
Sin padrino no hay bautizo.
En arca abierta, el justo peca.
Hacer favores, empollar traidores.
Administradorcillos, comer en plata y morir en grillos.
En la causa está el remedio.
Las ofensas se escriben en el mármol, los beneficios sobre la arena.
Al acebuche no hay quien le luche.
Como canta el abad, así responde el sacristán.
Libros cerrados, no hacen letrados.