El hombre discreto hace nacer más oportunidades que las que encuentra.
Dichosos los ojos que te ven.
Alcalde cruel, nadie dice bien de él.
Las boñigas de los caballos no son higos
El que mucho ofrece, poco da.
Solo triunfa en la lucha por la vida aquél que tiene la paciencia en sus buenos propósitos e intenciones.
A la orilla del río te espero, galapaguero.
Aprendiz de mucho, maestro de nada.
No te cases por dinero, puedes conseguir un préstamo más barato.
El Señor no deja sin comer al justo, pero frustra la avidez de los malvados.
Llevar y traer, de todo ha de haber.
La mujer que de día calla por la noche manda.
Más vale enemigo cuerdo que amigo loco.
Rodilla de lana a su dueño engaña.
Recibir es mala liga, que el que toma a dar se obliga.
Dichoso Adán que no tuvo suegra.
Ciertos maridos existen porque ciertas mujeres no han querido quedarse solteras
La mujer y la burra, iguales de testarudas.
Suerte te dé Dios, hijo, que el saber de nada sirve.
Vive la vida a grandes tragos por que no te bastara cuando tengas que perderla.
El que no tranza no avanza.
Deja lo afanado y toma lo descansado.
Una vez te casarás, pero mil te arrepentirás.
Indios y burros, todos son unos.
Vicio es callar cuando se debe hablar.
El que da, no debe volver a acordarse, pero el que recibe, nunca debe olvidar.
Mucho ayuda el que no estorba.
¿Qué hace con la moza el viejo?. Hijos huérfanos.
De tal palo tal astilla.
Mozo sermonero o no tiene novia o no tiene dinero.
Muchas manos en un plato causan arrebato.
Más quiero poco seguro que mucho en peligro.
Cielo a corderos, agua a calderos.
Boñigas hacen espigas.
Tripa llena, ni bien huye ni bien pelea.
A la mesa, de los primeros; al trabajo, de los postreros.
Tras la fortuna guía el favor.
Cada cual es rey en su casa.
Quien caza sin perros, se pierde en los cerros.
El asno y la mujer, a palos se han de vencer.
Predico, predico, y yo soy el más borrico.