El que en casarse acierta, en nada yerra.
¿Quién decide cuando los médicos no se ponen de acuerdo?
Cada uno es artífice de su ventura.
Dios retarda la justicia, pero no la olvida.
La diligencia nunca se quejo de la fortuna.
Ya acaecido el hecho, llega tarde el consejo.
Es preferible sufrir un agravio que causarlo.
Dios nos coja confesados.
Aguja, sastre y dedal, os darán por medio real.
Quien dineros ha de cobrar muchas vueltas ha de dar.
El que tiene buenos padrinos, no se cae dentro de la pila.
Maestro de atar escobas.
Hacer algo de cayetano.
El más peligroso de todos los animales salvajes es el calumniador; de los mansos el adulador.
Al vino y a la mujer, por el culo a poder ser.
Contra la muerte no hay ley, mata al papa, mata al rey.
Quién retozó de soltera, no diga nada de la ajena.
Cada uno en su casa, al rey hace cabrón.
El daño hecho no tiene remedio.
Buena olla y mal testamento.
El que la deba, que la pague.
El que tenga tienda, que la atienda.
Tarde en casar y malcasar, son a la par.
Abad de zarzuela, comisteis la olla, pedís la cazuela.
A la boda del herrero, cada cual con su dineo.
El que quiera de primera, que consulte su cartera.
Hablar bajo y obrar alto.
Al mayor peligro, el mayor auxilio.
Los mejores médicos son: el doctor dieta y el doctor reposo.
En ningún apostolado falta un judas.
A hija casada, los yernos a la puerta.
Quien casa por amores, malos días, buenas noches.
Confía tus secretos a un amigo y te tendrá cogido por el cuello
A la fuerza ahorcan.
A confesión de castañeta, absolución de zapateta.
Entran como arrimaos y quieren salir como dueños.
A la moza que ser buena, y al mozo que el oficio, no les puede dar mayor beneficio.
Halagos de suegra, consuelo de nietos.
Más vale un hombre apercibido que dos descuidados y no prevenidos.
Costumbre hace la ley.
A brutos da el juego.
Limosnero y con garrote.
El casamiento y el buñuelo quieren fuego.
No se puede servir a dos señores a un mismo tiempo.
Hijos y mujer añaden menester.
Garganta de aduladores, sepulcro abierto
Al amigo reconciliado, con un ojo abierto y el otro cerrado.
Oficio, bueno o malo, da de comer al amo.
Agarra al toro por los cuernos, al hombre por la palabra.
Obremos a no ver, dineros a perder.