Abad, judío y madona, jamás perdonan.
Calles mojadas, cajón seco.
Caballo sin espuela, barco sin remos ni vela.
De los muertos no se hable sino bien.
De cielos abajo, cada uno come de su trabajo.
Estoy en un callejón sin salida.
Estudiante y diablo, una misma casa con dos bocados.
Alábate, burro, que nadie te alaba.
No desesperes: de las nubes más negras cae un agua que es limpia y fecunda.
Justo peca en arca abierta.
Nada hay más atrevido que la ignorancia.
Quien no se arriesga no cruza el río
El río, por donde suena se vadea.
Cabra que tirar al monte no sabe, si entra no sale.
El que mucho abarca, poco acaba.
De donde no hay no se puede sacar.
El que ha naufragado teme a la mar aún calmada.
La ingratitud seca la fuente de la piedad.
En cada legua hay un pedazo de mal camino.
La maldad con la belleza es el anzuelo y el cebo del diablo.
Una mano por el cielo, y otra por el suelo.
Agua, ni quiebra hueso ni descalabra.
Lo que no se conoce no se apetece.
Dios repudia al que falsea las palabras; su gran abominación es el pendenciero de vientre.
Fondo salido, novio perdido ó solicito marido.
Quien no canea, calvea.
La religión cala siempre en los estratos pobres
Ninguno se alabe de hacer lo que no sabe.
El camino del infierno está empedrado de buenas intenciones.
El que quiere hacer algo busca un miedo; el que no quiere hacer nada busca una excusa.
En el mundo como en el mar, no se ahoga quien sabe nadar.
Cuando el villano está en el mulo, no conoce a Dios ni al mundo.
Aseada aunque sea jorobada.
De baños y de cenas están las sepulturas llenas.
Ranas que cantan, el agua cerca; si no del cielo, de la tierra.
La distancia hace a las montañas más azules.
Hombre de voz hueca, sesera vacía o seca.
Tapar el pozo después de que el ternero se haya ahogado
Río que zurrea, o trae agua o piedra.
De lo perdido, lo que aparezca.
A quien ganando no guarda, media albarca; y a quien ni ganar espera, abarca entera.
Agua turbia no hace espejo.
Predicar en desierto es como aconsejar a un muerto.
Jugar al abejón con alguien.
El corazón del avaro se parece al fondo del mar, ya pueden llover riquezas, no se llenará.
En el llano como quiere el amo, en la cuesta como quiere la bestias.
Cuesta arriba o cuesta abajo, echa siempre por el atajo.
Espera debajo al que está arriba, caerá.
Si te arrojas a un pozo, la providencia no está obligada a ir a buscarte.
Esta en medio del río y se muere de sed el mezquino.